El fabuloso poder de la hipnosis

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Muy popular para la anestesia y el tratamiento del dolor, la hipnosis ahora también se utiliza para vencer las fobias, la depresión y las adicciones. Investigamos las virtudes terapéuticas de esta sorprendente práctica.
Muy considerada como un engaño digno de manipuladores de salón, la hipnosis experimenta un renovado interés de la profesión médica, especialmente porque muchos estudios científicos demuestran su eficacia, especialmente como método de anestesia y tratamiento del dolor. Un número creciente de hospitales utilizan la hipnoterapia durante las cirugías para desviar el paciente del estrés y para aliviar el dolor postoperatorio e incluso las reacciones inflamatorias. Porque la hipnosis “reprograma” nuestra percepción de la realidad. La imagen cerebral revela que la persona que se somete a esta experiencia alterada de la conciencia ve primeramente la actividad de su cerebro reducida a un estado de relajación, lo que la pone a disposición de la sugestión. Durante esta segunda fase, las redes de emoción, visión y sensación trabajan intensamente y la actividad del cerebro se ve profundamente alterada.
Los misterios del cerebro
Tratamiento de las adicciones, fobias o traumas … A través de entrevistas con científicos, médicos y pacientes, este documental ofrece una visión emocionante de las perspectivas terapéuticas de la hipnosis. Una experiencia de semi-conciencia que testimonia una vez más los misterios y el poder de nuestro cerebro, que “ve lo que cree”. Hoy en día, los atletas de alto rendimiento también utilizan esta técnica para controlar mejor su mente y aumentar su rendimiento. Pero la película también advierte contra la deriva en la materia, el mismo éxito del método, expone nuestra hipervulnerabilidad.
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Los cuatro trucos para mejorar tu memoria

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Imagina que pudieras memorizar las cartas de una baraja colocadas aleatoriamente en noventa segundos, o una secuencia de más de cien dígitos en menos de cinco minutos. ¿Imposible? No, Chester Santos ha sido capaz de hacerlo, lo que le ha supuesto, junto a otras pruebas, convertirse en el campeón de memoria en Estados Unidos hace unos años. Y lo que lo ha hecho posible ha sido el entrenamiento, algo que todos en mayor o medida podemos hacer para recordar mejor las cosas según Wendy Suzuki, directora del laboratorio de investigación de Nueva York. Veamos cómo conseguirlo en cuatro fáciles claves.

La primera clave sencilla para mejorar la memoria es la repetición. Seguro que tienes la experiencia de recordar fácilmente un movimiento de baile, de deporte o de conducción cuando lo has repetido un sinfín de veces. El motivo es químico. Hemos generado un nuevo hábito, es decir, un nuevo cableado neuronal, que actúa inconscientemente. Por eso no es de extrañar que sin darte cuenta te hayas dirigido al trabajo en coche cuando realmente querías ir a otro sitio. No es que estés obsesionado, sino que la repetición genera un nuevo surco en la memoria que te juega buenas (o malas) pasadas. Por eso, si quieres aprender algo nuevo, el primer punto es repetir, repetir y armarte de paciencia.

Otra clave para recordar cosas nuevas es la asociación. Según la conferenciaTED de Chester Santos, este es su truco cuando memoriza una lista de nombres como, por ejemplo, mono, pesas, casa… En vez de fijarse en la palabra, crea una historia que le ayuda a recordarlo, tipo “el mono está haciendo pesas en una casa…”. La asociación puedes llevarla a tu día a día de muchos otros modos, como a la hora de recordar los nombres de personas que acabas de conocer, algo que, por cierto, solemos olvidar con facilidad según ha demostrado la ciencia (una buena explicación para no sentirnos mal con nosotros mismos). Por ello, el truco es asociar cada nombre a una persona que ya conoces anteriormente. De este modo, cuando te presentan a Juan, por ejemplo, evocas a un amigo tuyo que también se llame así. Si aplicas este pequeño truco, muy posiblemente te resulte más sencillo acordarte de su nombre.

La resonancia emocional es otro de los pegamentos de la memoria. Seguro que recordarás qué estabas haciendo cuando supiste lo del 11S o cuando te dieron una noticia que te sorprendió, o un momento en el que disfrutaste muchísimo. El motivo se debe a la amígdala, la zona del cerebro emocional que tiene la cualidad de registrar sensaciones intensas. Por ello, todo aquello que hayas vivido con intensidad emocional te será más fácil de memorizar, como una asignatura que te gustara mucho en el colegio o la visita que hiciste a algún lugar que te fascinó. Así pues, en la medida en que algo te guste, incluirás emociones y te resultará más fácil memorizarlo.

Y por último, el cuarto truco es la novedad. Lo nuevo atrae a nuestro cerebro y lo recuerda. Esto se debe también a la resonancia emocional que nos despierta. Por ello, resulta más fácil recordar los nombres anteriores del ejemplo de mono, pesas, casas, etc., si la historia que construyes es sorprendente o descabellada. Un mono haciendo pesas no es muy habitual, sin duda. Podríamos decir que a nuestro cerebro le gusta divertirse un poco. Por ello, si utilizas también tu imaginación y creatividad a la hora de escribir las cosas que no quieres que se te olviden, se lo pondrás más fácil a tu memoria. Le es más fácil recordar palabras decoradas o pintadas artísticamente que recogidas en un documento de Excel.

En definitiva, la mayor parte de los mortales deseamos tener mejor memoria. Como dicen los expertos y los científicos, esta puede entrenarse si somos capaces de repetir lo que es nuevo, de asociarlo a conceptos que ya conocemos, de vincularlo a emociones y de jugar con la novedad.

El País,

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El tratamiento del miedo con la HIPNOSIS

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Imagen del enlace original en star2.com

Muchas personas asocian la hipnosis con magos sospechosos que atraen a la gente hacia el escenario y hacen que hagan algo vergonzoso en nombre del entretenimiento. Sin embargo, la hipnosis también se puede utilizar en psicoterapia y medicina.
“En un contexto médico, la hipnosis funciona de la misma manera que lo hace en el escenario”, dice el profesor Dirk Revenstorf de la Sociedad Milton Erickson para la Hipnosis Clínica.
Sin embargo, en la terapia, no está dirigida a lograr la obediencia. “El libre albedrío del paciente no está comprometido”, dice el Prof. Revenstorf.
Las fobias, los trastornos del sueño y el desgaste, por ejemplo, se pueden tratar con la ayuda de la hipnosis.
El profesor Revenstorf cita el ejemplo de una paciente que tenía miedo de volar. Él la animaba a centrarse en un recuerdo donde había estado en una situación que era peligrosa, pero donde no tenía miedo.
En un momento de trance hipnótico, la mujer volvió a la memoria donde, siendo una niña, había recorrido una carretera accidentada sentada en el manillar de la bicicleta de su padre y aún así se había sentido totalmente segura. En la hipnosis, logró transferir esta sensación de seguridad a la situación dentro de un avión.
“Durante la hipnosis, el paciente alcanza un estado infantil e ingenuo en que se abre a las cosas que normalmente le suceden irracionalmente”, explica Prof. Revenstorf. Esto hace de la hipnosis una herramienta muy efectiva en el ámbito de la psicoterapia.
Sin embargo, requiere una relación de confianza particular entre el terapeuta y el paciente, señala. El paciente sólo debería confiar en médicos y psicoterapeutas que se hayan formado como hipnoterapeutas y que estén debidamente certificados como tales. – dpa.
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Vencer la ansiedad

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Imagen del enlace original en El País

Conducir, hablar en público, relacionarse con un grupo de personas conocidas, apuntarse a un curso de formación interesantísimo, ir al médico, salir de compras, educar a los hijos, presentarse a un examen, ligar, estar a gusto en una sobremesa con amigos, ver una película en el cine, montar en metro o tranvía, salir a correr o hacer un viaje de ocio. Se trata de situaciones cotidianas, en las que podría disfrutar y aprender, pero que se convierten en un auténtico reto, incluso martirio, para las personas que sufren ansiedad.

Algunos de los síntomas que acompañan a la persona son sensación de ahogo, asfixia, palpitaciones, sudoración, tensión muscular, sequedad de boca, bloqueos mentales, sensación de irrealidad, estado de confusión, olvida palabras o incluso pierde el hilo de la conversación, le cuesta conciliar el sueño, le invade la apatía y tiene hasta ganas de llorar. Su cabeza es como una lavadora centrifugando. Una idea tras otra, los pensamientos se repiten, se agolpan, le cuestionan, le previenen, le amenazan, le hacen sentir que es una piltrafa y que no es capaz de coger el control de su vida. ¡Basta!

Cuando cambias el modo en que ves las cosas, las cosas que ves cambian también”

Wayne Dyer

Respire, tómese un momento de calma, y lea a continuación cómo ganarle el partido a la ansiedad. Aplicando los siguientes consejos, aprenderá a ponerla en el sitio que le corresponde. Usted puede elegir los pensamientos y las emociones que le convertirán en alguien con recursos. No sea una marioneta de sus emociones. Tiene capacidad para elegir y participar activamente en su vida.

Cambie el foco de atención. Sus síntomas no son los protagonistas, el protagonista es usted. Llega un momento en el que parece el famoso miedo al miedo: solo está pendiente de cómo se comporta su cuerpo, de ver la intensidad con la que se manifiestan sus síntomas de ansiedad y cómo condicionan su vida. Se autochequea, escanea, comprueba sus constantes vitales para decidir si es apto o no para enfrentarse a según qué situaciones. Todo su mundo gira en torno a lo que le ocurre por dentro. Cuanto más centre la atención en lo que no desea que ocurra, más aumenta la probabilidad de que pase. ¿Por qué? Porque le está dando instrucciones al cerebro para que esté pendiente de cualquier señal de alerta. Ha convertido en amenaza señales que no lo son. Su mente ahora está entrenada para buscar palpitaciones, sudoración, ojeras y agobios. Y cuando los detecta, le advierte diciéndole ¡peligro! La señal va rápida al sistema nervioso simpático, y éste se acelera pensando que tiene que protegerle de la fiera. Se prepara para que salga corriendo o luche. Y como nadie lucha con ferocidad estando en estado de calma, le activa en todos los sentidos. El corazón late con vigor, sus músculos se tensan, empieza a sudar y respirar de forma agitada. ¡Ya está!, listo para el combate. Su respuesta es la lógica. Lo que no es lógico es que su mundo sea tan amenazante. Necesita dejar de escanearse.

Consejo: aprenda técnicas de relajación y meditación. ¿Ha probado el mindfulness? Su atención debe estar puesta en lo que ocurre a su alrededor, pero no en lo que resta, sino en lo que le alimenta. Si está pasando una buena tarde en compañía de amigos, observe sus caras, métase de lleno en la conversación, saboree el café y las pastas, fíjese en la temperatura y el paisaje. La vida está ocurriendo a su alrededor. La vida no está en sus respuestas orgánicas. La atención no puede estar en dos temas a la vez. O se fija en lo mal que está, o se centra en disfrutar y vivir su momento. Y si un síntoma da señales, tranquilo, déjelo estar. Pero no hable con él ni le exprese su temor. Es maravilloso tener síntomas, significa que ¡está vivo!

Háblese en otro idioma. El tipo de vocabulario que más utiliza una persona ansiosa para expresarse es algo así como “tengo miedo, estoy agobiado, no puedo, y si…, no estoy preparado, en otro momento, tengo temblor, no podré, lo estoy pasando fatal” y un sinfín de expresiones tendentes al catastrofismo y con las que se siente inseguro e incapaz.

La manera que tiene de pensar y expresarse condiciona sus emociones y su comportamiento. Si expresa que hay amenazas, su sistema nervioso se activa y desencadena la respuesta de ansiedad. Así de fácil. Es la tercera ley de Newton: acción-reacción. Necesita hablarse a sí mismo en otros términos. Lleva tanto tiempo anticipando el fracaso y el peligro, que carece de expresiones y vocabulario adecuado para afrontar las situaciones.

Consejo: ¿quién elige los pensamientos que invaden su mente? Nadie más que usted. Ahora está acostumbrado a relacionarse con un estilo cognitivo tremendista. Pero puede sustituirlo por otro que le permita contemplar el mundo sin ese carácter amenazante. Para modificarlo, tendrá que escribir… Ante la situación temida, anote cómo le gustaría enfrentarse a ella y los pensamientos que le podrían ayudar. No evite pensar en ella, solo acéptela. No es peligrosa, solo algo incómoda.

Desenamórese. No de su pareja, sino de la posesiva ansiedad. Si se da cuenta, se comporta con ella como si hubiera un idilio en plena efervescencia. La observa, la mira, la atiende, incluso habla con ella y de ella a todo el mundo. Su círculo se limita a su ansiedad. Ella decide por usted si puede hacer algo o no. Le ha dado demasiado poder. Mantenga un diálogo para poner distancia, incluso rétela.

Consejo: cada vez que se observe atemorizado por los síntomas, en lugar de verbalizar “no lo soporto, estoy fatal, así no puedo seguir, no saldré nunca de esto”, diga algo como “qué pesadita eres, todo el día con un síntoma por aquí, otro síntoma por allá. Si no te importa voy a leer, trabajar, correr, etcétera, y luego, si me apetece, igual te escucho otra vez. Ahora no es el momento”.

Deje de evitar. Cada vez que sortea lo que teme, se siente relajado, protegido y se conforma en su zona de comodidad. Pero no es el lugar en el que desea estar. Ahí no ocurre nada interesante, salvo tener todo bajo control.

Consejo: propóngase convertirse en un explorador, un aventurero. La vida es para descubrirla, incluso atravesando emociones desa­gradables. Cualquiera que se plantee un reto sabe que habrá momentos de alegría y orgullo y otros de desvanecimiento, pérdida de ilusión, esfuerzo y horas que robarle al sueño. No necesita encontrarse divinamente para dar un paso al frente. Es más, no va a ocurrir así. Tendrá que salir de su zona con dolor de cabeza, con mareos y palpitaciones. ¿Y sabe lo que va a descubrir? Que es capaz de hacerlo, que no es tan dramático como anticipaba y que las emociones desagradables no son incompatibles con la vida cotidiana. Cuanto antes se familiarice con ellas, mejor. A Nadal le gusta jugar al tenis, pero no le debe hacer mucha gracia competir con ampollas en las manos, pero lo hace. Es el paso para aspirar a ganar.

Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron” Michel de Montaigne

Actúe. Nadie lo va a hacer por usted. Deje de rumiar. La solución no está en las vueltas que da a su malestar. La solución está en ponerse las pilas y hacer lo que es incompatible con la respuesta de ansiedad: relajarse, pensar de forma útil, reír mucho y desdramatizar más, descansar, llevar una vida equilibrada, tener amigos y buenos ratos que echarse en la mochila.

Consejo: no lo razone todo. Deje de darle cien vueltas a lo que pueda suceder. La vida tiene su puntito de inconsciencia. Si quiere superarse, tiene que correr un riesgo, aunque sea pequeño, pero la vida los tiene. Nada ocurre si usted no participa. Y equivóquese. Fallar forma parte del aprendizaje. El único que puede reprocharse y censurarse es usted mismo, y debe repetirse y tener muy presente que no está obligado a hacerlo.

El que no corre ningún peligro es el que dejó de vivir por tenerlo todo bajo control. No se marchite. Apoltronarse y protegerse no es la solución a su ansiedad. Si pone estos consejos en práctica, le puedo anticipar el resultado del partido: Ansiedad, 0-Usted, 5.

Publicado por El País,

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El mago del cerebro

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La emoción en sus manos. Antonio Damasio (Lisboa, 1944) es considerado como el maestro de las emociones, un neurocientífico pionero del siglo XX en la investigación de esta materia.ALBERT JODAR

El 13 de septiembre de 1848, el capataz Phineas Gage, un joven muy apuesto, con el pelo oscuro y facciones de modelo, sobrevivió de forma increíble a un espantoso accidente. Contaba 25 años, y aquel día trabajaba en la construcción de una línea de ferrocarril en Cavendish, Vermont (Estados Unidos). Su tarea era peligrosa. Tenía que nivelar el terreno, para lo cual los operarios taladraban agujeros en la roca, los rellenaban con pólvora y cubrían con arena. Gage seleccionaba los agujeros para colocar los explosivos y la mecha, y usaba una larga barra de hierro para compactar la mezcla de arena y pólvora. Quizá oyó algo que lo distrajo momentáneamente, pero lo cierto es que hincó su vara en el siguiente taladro antes de que su ayudante lo rellenase de arena. La chispa consiguiente causó una explosión y la barra de hierro salió fulminantemente de sus manos. El proyectil, de tres centímetros de grosor y 109 de longitud, entró por debajo de su mejilla izquierda, rasgó su cerebro como si fuera mantequilla y escapó por la parte superior del cráneo. Gage se desplomó fulminado, mientras que la barra que había atravesado su cabeza caía a más de veinte metros a sus espaldas. Sus ayudantes, horrorizados, pensaron que había muerto al instante. Se quedaron asombrados cuando comprobaron que el hombre recuperaba la consciencia y ¡les hablaba! Logró caminar apoyándose en ellos, y fue trasladado en un carro de bueyes hasta su casa. Los testigos narraron que Gage se bajó sin ayuda.

El cerebro humano es un misterio dentro de otro, formado por 100.000 millones de neuronas

“La modulación de las emociones humanas es producto de la cultura. Es una consecuencia de la conciencia”

“Cuando percibes lo que te sucede, surge el sentimiento. Emocionar es actuar.Sentir es percibir”

“Si destruyes la parte posterior del tallo cerebral, destruyes la conciencia. Puede que nunca salgas de ese estado vegetativo”

El primer practicante, horrorizado al verlo, se quedó estupefacto cuando el joven con la cabeza agujereada le dijo tranquilamente que “ahora tendría bastante trabajo”. Su médico personal, John Harlow, cortó la hemorragia una hora después y le salvó la vida. Gage, un joven responsable, inteligente y muy bien adaptado socialmente, se recuperaría a los pocos meses. Podía caminar y valerse por sí mismo, y conservaba su inteligencia intacta. Se expresaba sin dificultad, y su capacidad de aprendizaje estaba inalterada. Tampoco tenía problemas con la memoria. La gente susurraba la palabra milagro a su alrededor. Fue una ilusión. Algo cambió. De ser un hombre responsable y apreciado, se convirtió en un sujeto irreverente, caprichoso, irresponsable y sin honor, incapaz de llevar a cabo sus planes. Gage perdería su empleo y terminaría cayendo en lo más bajo, convirtiéndose por un tiempo en una atracción de feria del empresario P. T. Barnum, que regentaba un museo de curiosidades humanas en Nueva York. Nunca se desprendería de la barra de hierro que le hizo famoso, pero moriría años después entre ataques epilépticos y la indiferencia.

A los ocho años de su muerte, el doctor Harlow sugirió que esa barra había destruido zonas de la corteza cerebral situada en la parte izquierda del lóbulo frontal, lo que podría explicar el cambio de la personalidad de Gage, un hombre “atrapado entre sus frías facultades intelectuales y sus propensiones animales”. Era una idea revolucionaria sobre cómo el cerebro manejaba aspectos superiores de la personalidad humana, pero pasó inadvertida. Siglo y medio después, en 1994, el científico Antonio Damasio publicaría un artículo crucial en la revista Science, en el que reconstruía la trayectoria exacta de la barra a través del cráneo y el cerebro de Gage en una recreación tridimensional por ordenador. Damasio mostró que los daños en estas zonas prefrontales de la corteza eran responsables del manejo de las emociones y el proceso de toma de decisiones. Estos daños explicarían de forma precisa el profundo cambio del carácter de Gage, el paciente más famoso de la neurología.

Damasio (Lisboa, 1944) es el neurocientífico que más ha revolucionado el estudio de la base cerebral de las emociones en los últimos treinta años. Podría decirse que es uno de los neurocientíficos más globales en un mundo globalizado, con una formación humanística de la que se enorgullece. Siente devoción por Espinoza y Descartes, grandes pensadores enfrentados -el primero afirmó que la materia era divina en sí, mientras que el segundo inventó el dualismo entre cuerpo y alma-, y admira a Shakespeare. El cerebro humano es un misterio dentro de otro, formado por 100.000 millones de neuronas, y Damasio piensa, a diferencia de muchos de sus colegas, que siempre ha sido el bosque, y no los árboles, lo que cuenta. Hay algo en la dignidad de los seres vivos y en el hombre que le impide pensar que somos, en última instancia, el resultado de un conjunto de reacciones bioquímicas entre neuronas por muy sofisticadas que estas sean. El cerebro, dice, es más que la suma de todas las partes, un espejo que no solo refleja nuestra individualidad; en él cabe una sociedad o hasta la entera humanidad. Son conclusiones a las que Damasio ha llegado después de convertirse en el pionero más importante del siglo XX en la investigación emocional. “Una gran parte de mi trabajo ha sido convertir el estudio de los sentimientos en algo científico que nos permita comprender mejor el comportamiento humano”, explica.

Hace poco menos de un cuarto de siglo, cuando la investigación del cerebro estaba sumergida en el racionalismo más absoluto, estudiar científicamente un sentimiento -la propuesta de Damasio- podía levantar más de una sonrisa educada. Ahora, las emociones y su base cerebral atraen simposios e investigadores como un imán. El prestigioso investigador Kerry Ressler, del Instituto Médico Howard Hughes, en Maryland (Estados Unidos), no duda en calificar a Damasio como “un líder que recoge la imagen global en neurociencia para permitirnos comprender cómo surgen las funciones más complejas”, según relata a El País Semanal por correo electrónico.

Damasio habla bajo, con suavidad. No parece alguien dado a enfadarse, pero no hay que confiarse. El día amanece cubierto por nubarrones que amenazan tormenta. Damasio ha acudido a Barcelona para presentar su último libro, Y el cerebro creó al hombre (Destino). Salta a la vista que las entrevistas promocionales le cansan, pero tras deslizarnos felizmente por nuestra primera hora de conversación, trato de averiguar qué cosas le irritan. Al fin y al cabo, sentirse molesto por algo es una de las emociones humanas más comunes. “Hay pocas cosas. Cenar en un restaurante y que a alguien le suene el teléfono móvil cerca, el sonido. La gente usa cada vez más los móviles, y parecen idiotas hablando consigo mismos mientras caminan en la calle. Es algo tan innecesario… hace diez años, la gente no los tenía y vivía felizmente. Lo hacemos simplemente porque disponemos del aparatito. Hay compañías que están haciendo un montón de dinero. Y la cosa va a peor. Algunas aerolíneas ya permiten el uso de teléfonos celulares en los aviones. Estás volando, y en el aire, además de soportar el ruido de los motores, tienes que oír a la gente discutiendo con su suegra sobre los problemas con los hijos”.

La cháchara es lo que más disgusta a uno de los maestros de las emociones humanas, que ha trasladado su estudio desde el ámbito filosófico -una tradición de siglos- a la neurociencia, mostrando cómo nos emocionamos en las pantallas de los escáneres, y rastreando los circuitos cerebrales que hay detrás. Fue precisamente el estudio de las lesiones neurológicas y la forma en la que afectan al comportamiento en los pacientes -entre ellas, la pérdida del lenguaje por daños en el lóbulo temporal izquierdo, algo que observó el científico Paul Broca ocho años después de la muerte de Gage- lo que llevó a Damasio y a su esposa, Hanna, a construir sistemáticamente una base de datos de enfermos a finales de los años setenta en la Universidad de Iowa. “Necesitábamos un método para adquirir información. Uno de ellos era el estudio de las lesiones neurológicas en los pacientes”. Posteriormente, en las dos décadas siguientes, y con las nuevas técnicas de imagen cerebral -el escáner de emisión de positrones o la resonancia magnética funcional, fabulosas ventanas al cerebro en pleno funcionamiento-, Damasio y su mujer pudieron rastrear los cerebros de voluntarios sanos y establecer comparaciones, investigando el lenguaje, la memoria, la percepción visual, y cómo se comportaba el cerebro cuando tenía que tomar una decisión. Fue aquí cuando descubrieron la tremenda importancia de las emociones.

¿Como ocurrió? Había un enfermo en particular que de forma muy ostensible tomaba decisiones muy equivocadas después de sufrir un daño en el lóbulo frontal. Pero era muy inteligente, tenía muchos conocimientos. Su memoria y lenguaje eran normales. Excepto que sus emocionesno eran normales. Así que eso me dio la idea de que esas emociones anómalas podían jugar un papel en sus decisiones.

¿De qué forma se comportaba ese enfermo? Hablabas con él y notabas que era muy inteligente. Pero fuera de la conversación hacía locuras, como invertir su dinero en negocios que obviamente se iban a derrumbar, o relacionarse de manera muy extraña con su esposa. Cuando le tocaba actuar en la vida real, tomaba la decisión equivocada. Lo que es fácil para nosotros le llevaba una eternidad. No sentía ese pálpito que te dice: “me gusta”. Vas a un restaurante, lo ves y piensas: de acuerdo. Ese paciente y otros muchos no lo veían así. Se pierden en preguntas como ¿es un buen menú? ¿Está bien de precio? ¿Es buena la relación entre el menú y el precio? ¿Está muy lejos el restaurante? ¿Está lleno? ¿Vacío? ¿Por qué está vacío? Si lo está, es bueno porque siempre tienes sitio. Pero si está vacío, es porque el restaurante no es bueno… es un proceso interminable de discusión. Sus daños se localizaban en una región llamada corteza prefrontal ventral medial, el lugar donde las emociones y el proceso intelectual interactúan.

Usted ha hecho trizas el cliché de que para tomar las decisiones adecuadas hay que dejar las emociones a un lado. La lógica del doctor Spock en la serie ‘Star trek’. Si tengo que despedir a alguien, hay que ser frío. O en una decisión de negocio, cuidado con lo que sientes. Que no te afecte. En los negocios necesitas de las emociones para tomar las decisiones adecuadas. Si tienes que despedir a empleados, sabes cuál es la lógica y la emoción que te impulsa a hacerlo, y que en el momento no puedes ser un sentimental. Son procesos emocionales e intelectuales. Es cierto que hay determinadas emociones que conviene ocultar. En la Bolsa, cada cierto tiempo hay un crashbursátil, un exceso de miedo que hace que te retires del mercado. Y no es inteligente. Si eres menos miedoso y aguantas, te vas a beneficiar cuando el mercado se recupere. Si controlas el miedo, puedes tomar decisiones ventajosas. Pero si no sientes miedo, no hay forma de saber cuándo parar. Y quizá llegue un momento en el que tengas que retirarte del mercado,pero no tendrás esa posibilidad. No es cierto que lo mejor sea no sentir nada. Pero hay ciertas emociones que a corto plazo es mejor no tener, como exceso de miedo.

De acuerdo. ¿Podemos educar nuestra respuesta emocional aunque surja de manera visceral? Hasta cierto punto, sí. No puedes aprender a emocionarte, a estar triste, alegre, compasivo, todo eso ya está en el cerebro. Pero el grado en el que esas emociones se expresan puede educarse, aprender a modularlas.

 

Ponga un ejemplo.Si tienes miedo a volar, puedes ir a una escuela que tenga un simulador de vuelo en el que te expongas a las turbulencias, a los despegues y aterrizajes…y si comprendes lo que sucede, aprendes a desensibilizar estas emociones hasta un cierto punto.

 

Si podemos modular nuestra respuesta emocional, ¿cree que es un logro que nos distingue de los animales?Definitivamente. Hay animales muy inteligentes que no pueden modular sus emociones. La modulación de las emociones humanas es producto de la cultura. Es una consecuencia de la conciencia. Un buen ejemplo es la violencia. En la sociedad occidental, ahora somos menos violentos que hace sesenta años o que cinco siglos. El control de la violencia es el resultado de la modulación de las emociones.

 

En el mundo hay decenas de conflictos armados y las noticias nos inundan con violencia.Sí. Pero no hay duda de que había más violencia en los tiempos de Enrique VIII que hoy día. Y nuestra tolerancia a la violencia va cayendo. En todos los países occidentales, la violencia doméstica se aceptaba, pero ahora no se tolera. En términos de orientación sexual o de raza, se intenta aceptar a gente diferente del resto. Es un fenómeno cultural, pero requiere de un control emocional. Lo diferente siempre crea agresión, pero puedes controlarla.

 

Usted ha comentado que esa autorregulación de la sociedad imita el trabajo que hace el cerebro para conservarnos vivos. Lo llama homeostasis cultural.Hay dos niveles. Uno regula los latidos del corazón, la circulación de la sangre, la presión sanguínea, las defensas, la digestión, el sistema hormonal… y no podemos interferir. La homeostasis nos aleja de estar muy calientes o muy fríos. Nos proporciona la sensación de hambre, por lo que dentro de poco tendremos ganas de almorzar en vez de charlar, o sed. Está dada por los genes. Nuestra conciencia no tiene nada que ver. La otra homeostasis es social, nos permite tener justicia, prosperidad, economía, partidos políticos, medicina y tecnología. Sin conciencia, nunca podríamos haber creado la homeostasis social. No tendríamos cultura. Para ello necesitas saber. Y ser consciente. La conciencia nos permite saber, y en su mayor extremo nos da la cultura, que nos mejora como seres humanos. Y todo depende de ciertas partes del cerebro trabajando en conjunto. Algunas están en la corteza cerebral, otras se encuentran debajo de ella.

El cerebro esconde celosamente sus misterios. Cuando se alteran los circuitos que controlan el movimiento, surgen los temblores del Parkinson. Si las memorias se destruyen catastróficamente, el mal de Alzheimer termina borrando la personalidad. La depresión nos hunde y no sabemos por qué, pero hay una causa en el cerebro. La esquizofrenia, donde los sueños se convierten en delirios que invaden lo cotidiano, es una realidad creada por el cerebro. Hay también un cerebro vicioso que busca el placer y vibra con la recompensa, cuyo estudio descubre por qué una persona enganchada a las drogas “no puede controlar el impulso de tomarlas incluso cuando confiesa que ya no producen placer”, en palabras que Nora Volkow, del Instituto Nacional de Abuso de Drogas de Estados Unidos, declaró en el programa del periodista norteamericano Charlie Rose.

Un cerebro en cuya corteza aparecen milimétricamente representados los mapas de los sentidos. Y un cerebro que, convenientemente excitado, rescata lo que creíamos olvidado. A mediados del pasado siglo, el neurólogo Wilder Penfield quedó asombrado cuando, al estimular una zona del lóbulo temporal de uno de sus pacientes epilépticos, evocó en su cabeza la canción que su madre le cantaba por Navidad. También está el cerebro agresivo. En un estudio mucho más reciente sobre adolescentes, el psicólogo Nicholas Allen, de la Universidad de Melbourne, en Australia, descubrió que los muchachos que discutían con mucha más vehemencia con sus padres en sesiones controladas poseían amígdalas inequívocamente más grandes según el escáner (las amígdalas son estructuras en forma de almendra y están situadas bajo el córtex). Hay un cerebro intelectual. “De las partes del cerebro que comprendemos, la del lenguaje complejo, que nos permite funcionar a un nivel social más alto y transmitir habilidades y educación, es la que más nos diferencia como humanos”, opina Kerry Ressler. Y un cerebro moral, donde caben sentimientos de compasión, admiración y vergüenza. “Los mandamientos no están esculpidos en piedra, con referencia a las tablas de la ley de Moisés, sino en la masa gelatinosa que es el cerebro”, asegura el profesor Francisco Rubia, director del Instituto Multidisciplinar de la Universidad Complutense y miembro de la Real Academia de Medicina. La moral y las emociones aparecen relacionadas. Y Rubia señala su probable geografía, la corteza cerebral ventromedial de la región prefrontal, es decir, el vientre medio de nuestra frente.

Las emociones y la razón forman una alianza. Damasio y sus colegas examinaron las respuestas de seis personas en cuyos escáneres cerebrales aparecían daños en estas regiones del cerebro por culpa de un tumor o un derrame. ¿Sería usted capaz de arrojar a alguien por la borda para salvarse a sí mismo o a los demás? ¿Sacrificaría a un inocente, un rehén, con tal de salvar su vida o la de otros? ¿Cuál sería su reacción? La idea de matar a un inocente causa repugnancia. Pero esas seis personas no sentían compasión, de acuerdo con el análisis de sus respuestas, según recoge el estudio que publicó Nature hace unos tres años. Estaban liberados de cualquier influencia emocional a la hora de tomar una decisión racional.

Damasio asegura que, en condiciones normales, los seres humanos tenemos dos formas de funcionar: o estamos conectados en línea y nos emocionamos por lo que vemos y oímos en el momento, o bien desconectados (off line) cuando rescatamos un recuerdo y colocamos entonces esa memoria en posición de encendido junto con la emoción asociada. Al acordarnos de la muerte de un ser querido, el recuerdo trae el dolor. Para entender cómo operan estos dos modos, le propongo un juego. ¿Qué me sucedería si, mientras charlamos, alguien liberase encima de la mesa que nos separa una mamba negra, la serpiente más venenosa de África? “Tu cerebro percibe el objeto que va a causar la emoción. Es un objeto competentemente emocional, y va a producir de manera automática, y sin interferencias de tu propia conciencia, una serie de reacciones. Vas a cambiar de postura, a alarmarte, a experimentar cambios en el rostro. El ritmo de tu corazón se acelera. Hay cambios en tus vísceras. Tu piel palidece. O te quedas paralizado, o corres. Dependerá de las circunstancias. En tu riego sanguíneo se bombea cortisol para que movilices una gran cantidad de energía y correr. El cerebro lo hace de forma automática, no puedes interferir. Y te das cuenta de qué ocurre al quedarte de piedra o correr por el miedo a esa serpiente. Todo sucede con mucha rapidez, en menos de un centenar de milésimas de segundo”.

 

Por eso no se puede predecir si uno saldrá de estampida o no.Correcto. Si fueras un soldado con entrenamiento de combate, sería más fácil que elijas quedarte quieto o escapar. Has educado el sistema para lo uno o lo otro. Francamente, si tuviéramos aquí una serpiente, no tengo ni idea de lo que me ocurriría. Nunca he tenido la experiencia, no sé si me quedaría quieto o no. ¡Espero salir corriendo!

¿Se ha encontrado alguna vez en una situación muy peligrosa? En una ocasión, en un avión que pensé que se iba a estrellar. Fue hace treinta años. Estaba atado a mi asiento y muy asustado. Pero no podía hacer nada, con mi cinturón de seguridad abrochado, y el avión haciendo todas esas cosas tan divertidas… todo el mundo estaba convencido de que se estrellaría.

En su libro insiste en diferenciar lo que es una emoción de un sentimiento. La emoción es un programa de acciones. El sistema nervioso humano, o cualquier sistema nervioso, se involucra en una serie de acciones para protegerse. Bien mediante la defensa frente a la amenaza, o proporcionando una oportunidad para alimentarse o para el sexo. Evita la muerte y hace cosas beneficiosas. Luego está la lectura de esa acción. Cuando percibes lo que está sucediendo en tu cuerpo, cuando tienes esa emoción, entonces surge el sentimiento. Emocionar es actuar. Sentir es percibir. Ambas cosas están relacionadas. Una emoción en líneas generales es un sentimiento, pero se refiere a la acción, mientras que el sentimiento es la percepción de esa acción.

 

¿Existe algún lugar dentro de la geografía de nuestro cerebro que nos diga si tenemos madera de héroe o de villano?Bueno, eso sería ciencia-ficción. Es demasiado complejo. Hay partes del cerebro que procesan aspectos de las emociones de forma muy automática, y otras en las que percibes lo que te está pasando. Y luego están todos los conocimientos que has adquirido, nuestra conversación, que no va por los sistemas automáticos. Tenemos toda una cultura construida. Usted y yo tenemos algunas ideas sobre lo que debe ser un héroe o un cobarde. Y sabes cómo usar ese conocimiento para, o bien dominar tu comportamiento y decidir algo independiente del mecanismo automático, o simplemente pensar que no quieres ser un héroe y me voy a quedar quieto para salvar la vida. Todas estas cosas se piensan a posteriori. Lo que le digo a mis lectores es que uno no puede entender la conciencia en base a una sola situación. El comportamiento humano está organizado en capas. Cuando hacemos algo, o alguien nos hace algo, cada capa suscita una reacción, algunas de las que somos conscientes y otras no. Es una cadena de respuestas y críticas.

 

¿En qué lugar de nuestro cerebro se hace una lectura de todas estas emociones?Hace unos veinte años propuse un lugar, la ínsula o corteza insular (una estructura situada debajo de la fisura que separa el lóbulo frontal y temporal), que hoy es una de las más observadas. La ínsula elabora un retrato de cualquier emoción que asalta al cuerpo. Otra más reciente, de la que no se ha hablado mucho, es el tallo cerebral. Es ahí donde se elaboran los retratos de los sentimientos más primarios. Y todo lo que allí sucede es redibujado en la corteza cerebral.

 

¿Cómo definiría la conciencia?Es lo que le permite a uno darse cuenta de sí mismo y de los demás. Depende de la mente y del proceso consciente. Es muy importante y complejo en los seres humanos. Implica al lenguaje, a la memoria.

 

¿Se puede hablar de una geografía de la conciencia? Esa sugerencia me gusta mucho. Incluso me la planteé para titular el libro. Si destruyes la parte posterior del tallo cerebral en humanos, destruyes la conciencia. Entras en un estado vegetativo del que quizá nunca te recuperes. Es una parte muy importante del cerebro que genera conciencia. Si pierdes algunas partes del encéfalo, o ciertas partes de la corteza cerebral, como la corteza media posterior, vas a perder la conciencia. Son partes muy importantes para construir el sentimiento de sí mismo, de ser consciente, del Yo autobiográfico.

 

¿Y de la moral? El avergonzarse, la admiración, o la culpa.Todos se localizan en el córtex prefrontal. Sentimientos como la compasión o la admiración, conectados con el tronco cerebral, producen ese tipo de emociones.

Damasio investiga ahora en la Universidad de California del Sur en Los Ángeles (Estados Unidos) junto con su mujer, Hanna, a la que conoció cuando cursaba sus estudios en Portugal. En el campus de la Universidad se alza, desde 2006, el Instituto del Cerebro y Creatividad (en inglés, Brain and Creativity Institute),donde, armado de la tecnología más sofisticada para visualizar el cerebro en pleno funcionamiento, se intentan ubicar el procesamiento de las emociones y demás funciones. Muchos quisieron ver en el cerebro una computadora húmeda, desde los años de los pioneros de la inteligencia artificial (IA) como Marvin Minsky, en los años cincuenta. Roboticistas como Hans Moravec siguen apostando por máquinas emocionales que superarán algún día al cerebro humano. Para Ressler, la analogía con el ordenador es “limitada, aunque razonable. Hay similitud en cómo almacenamos los recuerdos y cómo se memorizan en una computadora. A nivel molecular, ambos usan un proceso físico”. Por supuesto, hay diferencias en la forma en que se comunican las neuronas y cómo piensan los procesadores de silicio. Para el profesor Rubia, “es probable que podamos replicar algún día el cerebro del hombre en una máquina, no hay que ponerle puertas al campo”. Pero los obstáculos no son poca cosa: simular las emociones y cómo estas influyen en el pensamiento racional, algo que “aún no conocemos bien”, y diseñar una máquina capaz de cambiar sus conexiones con la experiencia, al igual que las redes de neuronas se reorganizan con el tiempo. Damasio, en cambio, se muestra más escéptico. “Si me preguntas si el cerebro hace cálculos, te diré que sí. Pero ¿es como un ordenador digital? No”. Ni en su construcción, ni en la forma en que funcionan, asegura. Hay demasiadas diferencias. La prueba definitiva, de inclinarse uno por la inteligencia artificial, sería la construcción de máquinas en el futuro capaces de creer en un dios. Al fin y al cabo, ¿no es la experiencia religiosa una cuestión puramente cerebral?, le pregunto a Damasio.

¿Cómo explicar el hecho de que el 93% de la humanidad tenga alguna creencia? La construcción de las religiones es uno de los actos creativos más importantes de los seres humanos, como respuesta a situaciones de sufrimiento y dolor, para obtener alivio, y para explicar el universo como una creación hermosa. No es sorprendente que haya tanta gente religiosa. Y para un científico es perfectamente posible sentirse de esa manera. El científico acude a la ciencia y tecnología para explicar el mundo, no a la fe. Pero no son cuestiones excluyentes. No se trata de decir que, si eres religioso, es porque no sabes, y por tanto no deberías serlo. Conozco científicos muy buenos y creyentes. Son mundos perfectamente compatibles.

 

¿Quizá porque la religión y la ciencia son actos creativos del cerebro?Sin duda. Y a pesar de ello es posible convivir con los dos. No digo que crea en ambos. Francis Collins es uno de los líderes del Proyecto Genoma y director de los Institutos Nacionales de la Salud en Estados Unidos. Dirige la agencia federal para la investigación en biotecnología. Trabaja en los genes y es un gran creyente, asiste a misa y escribe libros sobre su vida como genético y creyente en Dios.

 

Einstein solía decir que los ateos fanáticos son incapaces de oír la música de las esferas. ¿Era alguien emocional?Sí, y practicaba la música, tocaba el violín. Solía explicar que, en su trabajo teórico, cuando se enfrentaba a un problema que necesitaba resolver, lo hacía en términos de éxtasis al sentir si algo era correcto o no. O si algo resultaba hermoso, como una ecuación.

 

A usted le encanta releer a Shakespeare. ¿Por qué? Era alguien que estaba increíblemente alerta a las emociones e incluso a la conciencia. Es el escritor que proporciona una visión más directa del Yo autobiográfico. En los soliloquios de Hamlet, cuando habla de sí mismo, sus dudas, cómo se enfrenta a la situación de la muerte de su padre y el matrimonio de su madre con su tío, desvela la parte de uno mismo relacionada con tu propia historia, tus felicidades y penas, los hechos que forman parte de tu biografía, dónde naciste, y de quién.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de noviembre de 2010

Para leer del enlace original en El País, hacer clic aquí.

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La búsqueda por comprender la conciencia – TED Talk

Antonio Damasio: La búsqueda por comprender la conciencia – neurociencia

Cada mañana al despertar recobramos la conciencia, lo cual es un hecho maravilloso; pero ¿qué recuperamos exactamente? El neurocientífico Antonio Damasio emplea esta pregunta sencilla para mostrarnos cómo el cerebro crea la sensación de sí mismo.

Las investigaciones de Antonio Damasio han demostrado que las emociones juegan un papel central en la cognición social y la toma de decisiones. Su obra ha tenido una gran influencia en la comprensión actual de los sistemas neuronales que subyacen a la memoria, el lenguaje, la conciencia.

TED Talk publicado en Youtube el 12 de noviembre de 2012.
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Hipnoterapia para la fobia a conducir

‘Probé la hipnoterapia para tratar mi fobia a la conducción: esto es lo que pasó’
hypnotism

Imagen del enlace original en Women’s Health

“Cada vez que me ponía en el asiento del conductor, el terror podía consumir todo mi cuerpo”.
Yo tenía un gran secreto con el que he estado luchando los últimos 13 años: me aterraba conducir. El miedo era tan paralizante y persistente que había rechazado planes para ir a lugares donde sabía que no había manera fácil para llegar en transporte público.
La parte lógica y racional de mi cerebro era muy consciente de que conducir es una necesidad. No es que no sabía físicamente como conducir -he aprobado la prueba de mi licencia de conducir la primera vez. De alguna manera, el miedo hacia esta actividad aparentemente benigna y cotidiana se había apoderado de mí. Me quedé paralizada por lo que estaba convencida que era mi inminente destrucción, a pesar de la improbabilidad estadística. Cada vez que me ponía en el asiento del conductor, el terror me consumía todo el cuerpo. Mi ritmo cardíaco se aceleraba, y mis palmas se manchaban con sudor. Vivir en Brooklyn, un área metropolitana congestionada donde se pueden encontrar casi todas las condiciones de tráfico peligrosas imaginables dentro de un radio de 10 bloques de casas, sólo exacerbaba el problema.
Mi fobia era especialmente desconcertante porque, en general, no soy un tipo de persona con miedo. A veces, puedo ser completamente valiente y atrevida. Una de mis mayores pasiones es viajar por todo el mundo. Algunas de mis aventuras preferidas incluyen la natación con tiburones (sin jaula), volar en helicóptero alrededor de cascadas de agua y caminar haciendo una cremallera a miles de metros en altura. Como podía ponerme al volante de forma metafórica en tantas áreas diferentes de mi vida, pero literalmente no poder conducir del punto A al punto B? No hay un sentimiento más profundo de vergüenza que el de no poder ser plenamente autónoma y confiar en ti misma.
Encontrar un hipnoterapeuta
Como mi objetivo siempre ha sido comprar una casa a las afueras con mi marido y comenzar una familia, decidí probar algo radical para conquistar mi miedo a conducir de una vez por todas. Yo había leído que la hipnoterapia podía utilizarse para tratar las fobias, por lo que busqué un profesional médico a través de la Sociedad Americana de Hipnosis Clínica (Asch) que pudiera ayudarme. La Asch proporciona referencias a profesionales de la salud y la salud mental autorizados que utilizan la hipnosis clínica en sus prácticas. Además de ofrecer programas de certificación, esta organización interdisciplinaria proporciona a los profesionales pautas éticas y de tratamiento. Para ser elegible para ser miembro, el proveedor debe tener al menos un máster y una carrera válida para la práctica en una disciplina relacionada con la salud, además de realizar una formación formal y participar en una educación continua.
Dada la íntima naturaleza de la hipnoterapia, fue importante para mí encontrar un terapeuta acreditado con el que tuve una gran relación. Hablé con tres profesionales médicos antes de conectar con Trace Stein, una psicóloga clínica. Ella inmediatamente me hizo sentir a gusto, como si estuviera hablando con un viejo amigo. “Cuidado con las personas que dicen que son hipnoterapeutas, pero que tienen poco o ningún entrenamiento”, me dijo. “Es importante asegurarse de que la persona que te trata para un problema en particular también está licenciada y calificada para tratar tu preocupación incluso sin hipnosis”.
La hipnoterapia puede tener una mala reputación desde que forma parte del mundo del entretenimiento. Todos hemos visto las representaciones tontas y poco realistas en películas como Get Out, donde parece que el paciente pierde el control y se encuentra en estado hipnótico contra su voluntad. Más tarde aprendí de Stein que esto no podía alejarse más de la verdad, ya que los pacientes están obligados a ser plenamente conscientes y activos. Independientemente del estigma asociado a la hipnosis, entré al proceso con la máxima voluntad posible porque estaba dispuesta a intentarlo todo para recuperar mi independencia de nuevo.
“La hipnosis puede ser muy útil para abordar comportamientos profundamente arraigados pero poco saludables, como fumar y comer en exceso. También puede reducir la ansiedad, iluminar y cambiar los patrones de relaciones disfuncionales, y ayudar a la gente a superar la procrastinación “, dice Stein.
Stein dice que la hipnosis se puede considerar como una herramienta para mejorar la atención de alguien ante la voz de un terapeuta y disminuir la atención a pensamientos externos que podrían interrumpir el objetivo del hipnotismo. “Los pacientes están altamente focalizados y más receptivos a sugerencias positivas porque están viendo la situación desde la perspectiva de un observador desvinculado”, dice.
En un estudio de 2016 publicado en la revista Cerebral Cortex, investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford descubrieron que diferentes áreas del cerebro presentan una alteración de la actividad en hipnosis, encontrando cambios en áreas cerebrales asociadas a la atención focalizada, el control somático y emocional y la conciencia de los entornos internos y externos de una persona durante sesiones de hipnosis guiadas.
Inicio de las citas
Durante mi primera llamada telefónica a Stein, me hizo algunas preguntas sobre mis experiencias de gestión previas y me hizo valorar mi nivel de miedo en todas las etapas del proceso (sentada en el coche, saliendo de la calzada, aparcando, etc .). Me sorprendió aprender que un pequeño accidente en el que estuve de pequeña podría haber desencadenado inconscientemente la fobia. Ella me dijo que la gente desarrolla mecanismos de supervivencia para servir a un propósito (en mi caso, mantenerme segura ante el peligro percibido) pero con el tiempo, a medida que crecemos, ya no nos sirven y debemos adquirir nuevas herramientas.
Antes de nuestra primera sesión, escuché los archivos de audio que Stein había grabado para ayudar a entrenar mi cuerpo a responder más rápidamente a su voz y la hipnoterapia. “He encontrado que, como la mayoría de las cosas, con la hipnosis, la práctica nos hace perfectos. Piense en ello como el desarrollo del “músculo” de su mente de manera específica “, dice Stein. Escuchar en casa también ayuda a reforzar los mensajes positivos de la sesión de hipnosis entre las citas y de forma continua.
Una vez que nos conocimos personalmente, me preguntó donde soy más feliz. Mirando a las conchas de mar en la mesa de café delante de mí, respondí: “En la playa”. Stein explicó que empezaría la hipnosis con imágenes basadas en mi lugar feliz, que me volvería a mi estado de alerta y, después, pasaríamos a los escenarios relacionados con la conducción.
Miré a un punto más alto que mi visión hasta que mis párpados se sintieron cansadas e involuntariamente se cerraron. Stein pintó una bella imagen del mundo de mis sueños, donde sentí la sensación crujiente de arena suave bajo mis pies y escuché el sonido de las olas. En el tráfico, su voz parecía llegar de más lejos. Yo estaba familiarizada con lo que decía, pero era como si yo estuviera rodeada por una cáscara. Mi respiración disminuyó rítmicamente, las preocupaciones del día iban resbalando fuera de mí. Stein me pidió que presionara el dedo pulgar con mi dedo índice, que serviría como gesto simbólico de anclaje. Explicó que podía hacerlo en cualquier momento durante mi conducción para recordar esa sensación de tranquilidad.
Antes de saberlo, al menos habían pasado 10 minutos y Stein me dijo que me imaginara con confianza caminando hacia mi Jeep Grand Cherokee, llaves en mano. Ella reinterpretaba lo que normalmente sería la ansiedad de conducir como emoción. Mientras avanzaba a lo largo de mi ruta, me encontré con obstáculos que normalmente me bloquean, incluidos los conductores desagradables y el aparcamiento en paralelo en un lugar ajustado que requiere mucha maniobra. En este estado, pude verlos por lo que son verdaderamente y relativizarlos. Cuando apagué el motor y cerré la puerta, dejé mi equipaje de ansiedad donde pertenece, con las sobras poco importantes de mi subconsciente.
“Sugeriría que la gente dé una o dos sesiones más aparte de la consulta inicial para ver si la hipnosis se muestra útil”, dice Stein. “Sin embargo, si un problema es muy largo o si la persona está en conflicto (especialmente inconscientemente), si quiere o no quiere hacer un cambio específico, tal vez requiera más sesiones y, posiblemente, un cambio hacia un enfoque de psicoterapia más convencional “.
Volviendo a la carretera
Durante las recientes experiencias de conducción, noto algunos cambios significativos. Mi fobia, que alguna vez era equivalente a tener a alguien llamándome a la cara, ahora es sólo un murmullo tímido ( “¿estás segura de que quieres conducir?”). No sólo estoy mucho más tranquila pero también puedo escuchar comentarios constructivos y ser más consciente de mi mecánica de conducción. El desarrollo más emocionante como resultado de este experimento es que ahora tengo un fuerte deseo de llegar al coche y conducir.
“Definitivamente he tenido casos en que la persona era altamente hipnotitzable y realmente motivada para hacer el cambio. Estos factores, además de tener expectativas positivas sobre la hipnosis, dieron lugar a resultados muy profundos y rápidos “, dice Stein.
Todavía estoy lejos de ser una gran piloto. En la tercera experiencia conduciendo después de mi hipnosis, no tuve tiempo para practicar el ensayo mental y visualizar un viaje con éxito, que es clave para establecer un nuevo hábito positivo. Tuve que precipitarme a visitar uno de mis familiares, que acababa de haber sido dado de alta en el hospital. Durante la ruta a su casa, tuve que hacer pasar mi coche por el lado de una furgoneta aparcada en doble fila y el pánico me volvió a inundar temporalmente.
Por lo tanto, todavía tengo un largo camino por delante, incluyendo el estacionamiento en paralelo, conducir sola y aprender a conducir por la autopista, lo que nunca he podido intentar hasta ahora porque la idea me hacía sentir demasiado ansiosa. Sin embargo, al menos ahora sé que tengo las herramientas necesarias para comenzar a conquistar estos bloqueos, por así decirlo.
Por Stefania Sainati, publicado el 9 de agosto de 2017 por Women ‘s health magazine. Para leer el enlace original, en inglés, haga  click aquí.
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