La ciencia detrás de los pensamientos curativos

Lea sobre la interesante idea de que la mente tiene un efecto en nuestra salud. La hipnoterapia se menciona en el siguiente artículo como una forma validada de tratamiento para el síndrome del intestino irritable (SII). El plascebo, la atención plena y la realidad virtual también parecen tener un impacto en las reacciones conscientes y subconscientes de nuestros cuerpos. Para obtener más información sobre la hipnosis y la hipnoterapia, visite las páginas de este blog o contáctenos directamente.
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La periodista Jo Marchant explora sorprendentes nuevas investigaciones sobre cómo curar el cuerpo usando la mente.

La periodista científica Jo Marchant acerca su ojo crítico a este fascinante nuevo terreno, compartiendo los descubrimientos de gente que han sido ayudadas por curas enfocadas tanto al cuerpo como a la mente. Crédito: Garry Simpson

Durante siglos, la idea de “pensamientos curativos” ha tenido gran influencia sobre sus creyentes. En las últimas décadas, ha fascinado a los seguidores de todo tipo de movimientos de autoayuda, incluyendo a aquellos cuyo mayor objetivo parece ser el de separar a los enfermos de su dinero. Ahora, sin embargo, un número creciente de investigaciones científicas sugieren que nuestra mente puede jugar un papel importante en la curación del cuerpo, o incluso en mantenerse sano. En el libro Cure, la veterana periodista científica Jo Marchant acerca su ojo crítico a este fascinante nuevo terreno, compartiendo los últimos descubrimientos y explicando las historias de gente, veteranos de la guerra de Iraq incluidos, quienes han sido asistidos por curas enfocadas tanto en el cuerpo como en la mente. Marchant contestó a las preguntas del editor de Mind Matters, Gareth Cook.

Usted se está adentrando en un tema que, históricamente, ha estado marcado por la charlatanería. ¿Qué la convenció de que había una irresistible historia científica que contar?

Los malentendidos y falsas afirmaciones fueron algunos de los elementos que me atrajeron en primer lugar al tema de la medicina mente-cuerpo. La mente influencia a la fisiología de tantas maneras —desde el estrés a la excitación sexual—, así que siempre me ha parecido razonable que pueda impactar en la salud. Aun así, la cuestión se ha polarizado: defensores de la medicina alternativa aseguran que existen curas milagrosas, mientras que científicos convencionales y médicos insisten en que cualquier sugerencia de “pensamientos curativos” es errónea.

Me interesé por esas filosofías enfrentadas: quería ver porqué es tan difícil tener una debate razonable sobre el tema. ¿Qué lleva a tanta gente a creer en las afirmaciones pseudocientíficas de terapias alternativas y por qué son los escépticos tan reticentes a cualquier sugerencia de que la mente puede influenciar la salud?

Al mismo tiempo, quería examinar la investigación científica para hallar qué dice realmente la evidencia sobre el efecto de la mente sobre el cuerpo. Eso me llevó a recorrer el mundo, entrevistando a científicos que están investigando el tema (muchas veces luchando por obtener financiamiento o arriesgando su reputación por ello) y sus resultados me persuadieron de que, además de ser una historia interesante a nivel sociológico o filosófico, era una historia científica convincente.

Los ejemplos incluyen ensayos que demuestran que la hipnoterapia es un tratamiento muy efectivo para pacientes con síndrome de intestino irritable (SII) y estudios que muestran que el estrés percibido está relacionado con la longitud de los telómeros en las células. Pero lo que personalmente encontré más convincente fueron los estudios que sugerían que había una razón evolutiva para la influencia de la mente sobre la salud.

En estos momentos hay muchas líneas de investigación que sugieren que nuestra percepción mental del mundo informa y guía de manera constante a nuestro sistema inmunitario de un modo que nos hace más capaces de responder a futuras amenazas. Esa fue una especie de revelación para mí. De repente, la idea de mente y cuerpo entrelazados comenzó a cobrar más sentido científicamente hablando, que la noción de una consciencia efímera separada de algún modo de nuestro ser físico.

¿Qué se sabe sobre lo que realmente es el efecto placebo y cuáles cree usted que son las interrogantes más importantes?

“Efecto placebo” puede ser un término confuso, porque tiene muchos significados distintos. A veces se emplea para amparar a cualquiera que se sienta mejor tras recibir un tratamiento placebo (o falso), lo que por supuesto incluye a todas aquellas personas que hubiesen mejorado de todos modos. Pero los investigadores están descubriendo que tomar un placebo también puede tener efectos específicos y medibles en el cerebro y el cuerpo.

Tal y como lo expresa Fabrizio Benedetti, uno de los pioneros en la investigación del placebo, no hay un solo efecto placebo sino varios. Los analgésicos placebo pueden provocar la liberación de analgésicos naturales llamados endorfinas. Los pacientes con mal de Parkinson responden al placebo con una oleada de dopamina. Oxígeno falso, administrado a alguien en alturas elevadas, ha disminuido los niveles de neurotransmisores llamados prostaglandinas (que, entre otras cosas, dilatan los vasos sanguíneos y son responsables de muchos de los síntomas del mal de altura).

Ninguno de estos efectos biológicos es causado por los propios placebos, que por definición son inertes. [Los efectos] son desencadenados por nuestra respuesta fisiológica a esos falsos tratamientos. Las sustancias activas son complejas y no se comprenden del todo, pero incluyen nuestras expectativas de encontrarnos mejor (lo que a su vez se ve afectado por un montón de factores como nuestras experiencias previas al tratamiento, qué tan impresionante o invasivo es el tratamiento, y si somos personas optimistas) y sentir que nos escuchan y nos atienden.

Otro elemento es el condicionamiento, en el que si aprendemos a asociar un tratamiento en particular, por ejemplo tomar una pastilla, con una cierta respuesta biológica, experimentaremos la misma respuesta cuando tomemos la misma pastilla en el futuro, incluso si se trata de un placebo. Esto influencia funciones fisiológicas como niveles hormonales y respuestas inmunes, y funciona independientemente de nuestras creencias.

Interrogantes futuras incluyen descubrir los factores psicológicos que moldean la respuesta al placebo e investigar porque placebos honestos (cuando alguien sabe que está tomando un placebo) parecen funcionar. Esta investigación apenas está comenzando. Los científicos también quieren determinar exactamente en qué condiciones funcionan los placebos (la mayor parte de la investigación hasta la fecha se ha desarrollado en un puñado de sistemas modelo, como el dolor, la depresión y la enfermedad de Parkinson), y para quién trabajan (tanto los genes como la personalidad parecen jugar un rol específico). Y por supuesto está la cuestión de cómo podemos maximizar estas respuestas, e integrarlas en tratamientos clínicos rutinarios de una manera honesta.

¿Ha experimentado alguno de estos efectos mente-cuerpo usted misma?

Me tomé una pastilla placebo que compré por internet y me ayudó a deshacerme de un terrible dolor de cabeza tras 20 minutos, pero claro, eso no es un ensayo científico. Quizá mi dolor de cabeza se hubiera disipado de todos modos. También experimenté el valor del apoyo social al dar a luz a mis dos hijos. Tuve resultados dramáticamente distintos cuando estuve apoyada por parteras a las que conocía y en las que confiaba en comparación con desconocidas. De nuevo, mi caso no demuestra nada por si solo pero este efecto se confirma en ensayos con miles de mujeres: apoyo continuo e personalizado es una de las pocas intervenciones conocidas por reducir el riesgo de cirugía durante el parto.

Pero en general, experimenté los efectos que describo en el libro mediante entrevistas a personas que fueron tratados con alguno de estos métodos, a menudo participantes de ensayos clínicos. [Los tratamientos] incluyen un paciente de trasplante de riñón que bebía leche con sabor a lavanda para calmar su sistema inmune hostil; gente que había padecido depresión recurrente durante décadas y ahora se sentían bien por entrenamientos de “mindfulness” (también llamado “conciencia plena” en español); y peregrinos que buscaban sanación en el santuario religioso de Lourdes en Francia. Conocer a esta gente hizo de esto algo más allá de un proyecto intelectual para mí. Me mostraron como los hallazgos científicos no son sólo estadísticas en una hoja sino que tienen el poder de transformar vidas.

Usted escribe sobre víctimas de quemaduras que están siendo tratadas, en parte, con realidad virtual. ¿Puede explicar este método y qué lecciones cree que alberga?

Esta es otra terapia que pude probar. Investigadores en Seattle han desarrollado un paisaje de realidad virtual llamado Mundo de Nieve. Vuelas por un desfiladero helado y disparas bolas de hielo a personajes dentro del juego, como pingüinos y hombres de nieve. Está diseñado para funcionar como un analgésico: la idea es que el cerebro tiene una capacidad de atención limitada, por lo que si el desfiladero helado retiene esta atención, hay una menor capacidad sobrante para experimentar dolor. Cuando probé Mundo de Nieve, los investigadores usaron una caja caliente para simular una quemadura en mi pie, era bastante doloroso fuera del juego, pero una vez inmersa [en el juego], me lo pasaba tan bien que apenas notaba [el dolor].

Esta técnica fue desarrollada para ayudar a las víctimas de quemaduras, que deben pasar por agonizantes sesiones de curas y fisioterapia. Incluso cuando reciben la máxima dosis segura posible de analgésicos, estos pacientes siguen padeciendo un dolor terrible. Los ensayos demuestran que realizar estas sesiones mientras [están] inmersos en Mundo de Nieve, reduce su dolor entre un 15% y 40% adicional por encima del alivio que pueden conseguir con los medicamentos.

Esta es justo una de las muchas líneas de investigación que nos dice que el cerebro juega un papel destacado en determinar el nivel de dolor que sentimos. Por supuesto cualquier daño físico es importante, pero no es [motivo] suficiente ni necesario para que nosotros sintamos dolor. Así que creo que tenemos un punto de vista erróneo sobre el dolor. Nuestro enfoque es casi exclusivamente eliminarlo mediante medicación, lo que es increíblemente caro y causa enormes problemas debido a efectos secundarios y adicción. Investigaciones como Mundo de Nieve demuestran el potencial de las estrategias psicológicas para el tratamiento del dolor en ambos casos: maximizar la efectividad de los medicamentos y quizá, en algunos situaciones, sustituirlos.

Publicado por Scientific American. Para leer desde el enlace original, hacer clic aquí.

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Casi todas las cosas que nos preocupan no ocurrirán jamás

Técnicas de autocontrol mental ensayadas a partir de la hipnosis y la hipnoterapia pueden ayudarnos a decidir dónde queremos poner nuestra atención. Qué requiere realmente de nuestra preocupación, y cómo devolver a nuestro organismo un estado de equilibrio óptimo, cómo lo podemos liberar de neurotensión muscular que podría impedirnos pensar con claridad. Para saber más sobre la hipnosis y la hipnoterapia, lée las páginas de este blog o contáctanos directamente.

Expertos en psicología destacan la importancia de estar alerta, pero apuntan que una excesiva preocupación deriva en depresión y trastornos de ansiedad

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 Las consecuencias del cambio climático, cobrar la nómina a final de mes, reservar la casa rural para el puente antes de que esté ocupada, la cantidad de azúcar en el bote de tomate frito, el Brexit, si el mosquito tigre que no me deja dormir me transmitirá alguna enfermedad, si crío bien a mis hijos, si tendré cáncer alguna vez, si tendré un accidente con la bicicleta al dar un paseo… La lista de preocupaciones en el día a día puede ser enorme. Los “y si…” son infinitos, los hay para todos los gustos y pueden llegar a colapsar tanto nuestra atención que al final quedemos paralizados. Creemos que, sí o sí, muchos de ellos van a pasar y nos sentimos indefensos, perdidos. Pero no hay que alarmarse: la inmensa mayoría de las cosas que nos preocupan jamás ocurrirán.

Preocuparse es humano. Estamos programados para ello, para anticiparnos a los peligros y ser capaces de generar un plan B, en caso de que lo que nos da miedo que pase termine ocurriendo. Pero la estadística está de nuestra parte. Un estudio de la Universidad Estatal de Pensilvania (Estados Unidos) refleja que, de media, el 91% de las preocupaciones de las personas no se hacen realidad. La investigación se ha realizado con una treintena de personas que sufren trastorno de ansiedad generalizada, quienes escribieron en un papel todo lo que les preocupaba durante un mes. Algunos sujetos del estudio no vieron que se hiciera realidad ni una de sus preocupaciones. El objetivo del trabajo era demostrar que los temores a corto plazo son inválidos, lo que reduce la ansiedad. Y mejora la salud. “Una mayor evidencia de la inexactitud [en las preocupaciones de los sujetos estudiados] evidenció una mejora superior en el tratamiento”, indican los autores de la investigación, Lucas La Freniere y Michelle Newman.

Para el psicoterapeuta Luis Muiño, los resultados se podrían atribuir a casi cualquier persona de la sociedad occidental. El especialista anima a que cada cual haga el experimento: que se pregunte qué cosas le preocupan más, qué acontecimientos previstos le dan más miedo y que, un año después, compruebe cuántos se han cumplido. “El cálculo típico es que el 90% no ocurren nunca”, asegura. El resultado se parecerá mucho a lo que el pensador estadounidense Earl Nightingale dijo en los años cincuenta del siglo pasado: el 40% de lo que nos preocupa jamás ocurrirá, el 30% es pasado por lo que las preocupaciones no lo podrán cambiar; el 12% son preocupaciones innecesarias sobre nuestra salud y el 10% son pequeñas e inconexas. Con estos datos, apenas nos queda un 8% de preocupaciones legítimas a las que debemos prestar atención. Menos de una de cada 10.

El mundo más seguro es el que más inseguridades tiene

El psiquiatra norteamericano William Samuel Sadler describió la preocupación como una “incapacidad para relajar la atención” sobre algo que nos produce miedo. No todas las personas se preocupan por lo mismo ni en la misma medida, pero a todos nos inquieta algo. Y la preocupación no es buena ni mala por sí misma. De hecho, es una capacidad que nos ha permitido llegar hasta aquí. “Sin el estrés, la alerta o la preocupación ante una amenaza no hubiéramos sobrevivido. Es algo que tienen todos los animales y, claro, nosotros también”, dice Guillermo Fouces, doctor en psicología y coordinador de Psicología Sin Fronteras. El especialista indica además que el estrés ante un examen, hablar en público o una cita es bueno, ayuda a activarnos, a estar alerta. Pero se convierte en negativo cuando va más allá, cuando magnificamos problemas que no lo son y hacemos un mar de una simple gota de agua. “También cuando creamos una amenaza inventándola mentalmente”. Así es, por ejemplo, como puede arrancar un trastorno obsesivo compulsivo: una persona puede pasar de simplemente prestar atención a su salud y lavarse las manos antes de comer a terminar haciéndolo 500 veces al día.

Preocuparse mucho por demasiadas cosas nos hace estar alerta todo el tiempo, y eso puede derivar en ansiedad y otros problemas como el trastorno de ansiedad generalizada. No preocuparse por nada, en cambio, acaba en depresión. Además, no todo está en nuestras manos. “La clave es responder ante cada preocupación con la medida justa”, subraya Francisca Expósito, catedrática y decana de la facultad de Psicología de la Universidad de Granada. Según cuenta, la preocupación nos prepara para actuar porque aumenta el nivel de adrenalina y ayuda a enfrentarnos a las cosas. “Es una respuesta adaptativa”, insiste. Expósito también explica que la cantidad de información que recibimos hoy día ayuda a incrementar las preocupaciones: leemos decenas de artículos sobre éxitos y fracasos, comida saludable, crianza de los hijos, vida social, los mejores restaurantes, dinero, relaciones de pareja… “El ser humano tiene la necesidad de controlar el mundo que le rodea. Si escuchamos algo grave lo ponemos en situación, comparamos si nos puede pasar, nos planteamos si lo estamos haciendo bien”, explica la docente. Todo ello genera mayor preocupación.

“La paradoja es que, en el mundo más seguro que jamás ha existido, sintamos inseguridades permanentes”, subraya Guillermo Fouces, quien destaca la importancia de lo que el pensador polaco Zygmunt Bauman denominó miedo líquido: el producido por aspectos como la crisis o los mercados financieros y otros muchos conceptos que no son tangibles, que se pueden escapar a nuestro entendimiento. “Ahí no podemos estructurar la manera de responder. Y eso es aún peor”, añade Fouces, quien que cree que, cuando no nos inventamos las amenazas, otros lo hacen por nosotros. “Los moralizadores siempre han estado ahí”, insiste el psicólogo Luis Muiño. Sin embargo, él opina que es muy difícil comparar el miedo del ser humano en los diferentes momentos históricos. “Creo que el nivel de ansiedad durante toda la historia de la humanidad ha debido de ser muy similar”, afirma Muiño.

El especialista destaca que lo que marca la diferencia en la actualidad es que el ser humano, al menos en Occidente, exige más de su salud mental, quiere estar menos preocupado y disfrutar más. El nivel de autoexigencia es mayor. Muiño también achaca la ansiedad a los dogmas que, si un día pudieron venir de la iglesia, ahora pueden ser de la gastronomía. Es decir, querer lo que otros muestran en sus perfectos perfiles de Instagram también genera preocupaciones: “Pero claro, hay que darse cuenta de que esa gente no sube imágenes cuando va a una hamburguesería o se come cualquier cosa para cenar”. Las redes sociales (donde no toda la información es buena), además, son solo uno de los muchos estímulos que respondemos a la vez: una conversación por WhatsApp mientras mantenemos otra en persona, las noticias en televisión, el pensamiento sobre qué cena cocinar, la fiesta del fin de semana…

“Hay que ocuparse, no preocuparse”

“Preocuparnos excesivamente por cosas que tienen solución destruye la felicidad y cualquier oportunidad de éxito”, añade Francisca Expósito. “Por eso lo importante no es tanto preocuparse, sino ocuparse”, añade la decana de la Facultad de Psicología granadina. Y ocuparse significa relativizar, racionalizar lo que se piensa y cerrar preocupaciones. Desgranar lo importante de lo que no, lo urgente de lo que no. Eliminar peso de la mochila. Porque, al no tener cosas pendientes y poder pasar página, se afronta la vida de una mejor manera.

¿Pero cómo se consigue? Hay varias fórmulas válidas, desde escribir las preocupaciones un día y leerlas al día siguiente (para ver que no eran tan importantes) a sentarse una hora concreta del día a pensar en todas ellas. “A muchas personas les resulta más fácil olvidarse de una preocupación si se han otorgado un momento y un lugar específicos para reflexionar”, dice Leahy en su obra The Worry Cure. Otra opción es afrontar los miedos desde la experiencia. Ya sea subiendo a una altura para quien tenga vértigo, paseando por la playa para comprobar lo complicado que es que te caiga un rayo (aunque conviene tener ciertas precauciones durante una tormenta) o comiendo un día pasteles para entender que por sí solos no van a acabar con tu salud si mantienes una dieta equilibrada. “Hay que ser responsables, pero también vivir la vida con ciertos deslices. Hay que preocuparse, pero no siempre ni por cualquier cosa. La vida es contraste, no todo es perfecto ni todo es malo”, concluye Expósito.

Publicado por El País. Para leer desde el enlace original, hacer clic aquí.
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La hipnosis a través de realidad virtual alivia a los pacientes

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Los pies pisan la arena caliente y entran al agua. El cuerpo se hunde suavemente, los ojos se abren en un paisaje marino. Una tortuga se acerca e improvisa una guía; El viaje comienza. Al igual que la sesión de quimioterapia. La Clinique de Genolier, en el cantón de Vaud, que pertenece al grupo Swiss Medical Network (este último también integra la Clinique Générale-Beaulieu, en Ginebra) ha estado utilizando la hipnosis médica con un casco de realidad virtual durante algunas semanas, una tecnología desarrollada por la nueva empresa francesa HypnoVR, para brindar más comodidad a los pacientes, reduciendo el estrés o el dolor.

Viaje hipnótico

Todo comenzó en un hospital de Estrasburgo, con dos anestesistas e hipnoterapeutas, Denis Graff y Chloé Chauvin. Vieron los beneficios de la hipnosis diaria, ya sea como alternativa a los tratamientos para el dolor 100% medicados o para acompañar a la anestesia local durante la cirugía. “El único problema: profesionales capacitados en hipnosis y especialmente disponibles”, dice Nicolas Schaettel, cofundador de los cascos HypnoVR. Para facilitar el acceso a la hipnosis, se preguntaban si era posible recrear esta sensación de comodidad y seguridad con la tecnología. Y me contactaron “.

Un dispositivo ha sido creado y comercializado desde el año pasado. Incluye un auricular visual de realidad virtual y otro auditivo, así como software. Varios “mundos” de inmersión están disponibles, desde la playa hasta la maleza, desde el viaje interestelar hasta el mundo marino. Una voz pregrabada, femenina o masculina, actúa como hipnoterapeuta. Además, hay universos de sonido ideados por un compositor capacitado en musicoterapia. Se estimulan los sentidos del paciente, se aparta su atención del dolor o el miedo y se le sumerge en un estado de relajación, incluso de conciencia modificada. La duración de la sesión de un “viaje hipnótico” puede variar de unos pocos minutos a más de una hora.

Hoy en día, la mayoría de los clientes de los cascos HypnoVR son franceses, pero el cofundador de la nueva empresa asegura que también hay un “apetito” por este tipo de tecnología en Suiza. “Los cuidadores tienen interés en buscar una alternativa a todos los medicamentos”. Sin embargo, el sistema HypnoVR requiere cierta inversión: entre 500 y 3000 euros para el material (dependiendo de la calidad de la imagen y del el suyo), luego la suscripción al software, de 140 euros mensuales a 349 euros (para varios dispositivos simultáneamente). Clinic de Genolier ha adquirido seis dispositivos, uno por servicio. Aurélie Thomassin, directora de atención del establecimiento, explica que esta inversión se realizó para ofrecer una ventaja al paciente.

Menos estrés y medicamentos

¿Con qué beneficios concretos? “Los beneficios son múltiples para el paciente: un aumento en la comodidad, una disminución en la ansiedad y el estrés, y una reducción en la ingesta de ansiolíticos y analgésicos”, resume el director de atención. Sarah de Cupis, médico anestesista, agrega que este sistema se puede usar en un período perioperatorio, “además de o en reemplazo de un medicamento; durante el período operativo, en paralelo con la sedación local; y finalmente, después de la operación, para pacientes que sufren de dolor persistente, por ejemplo “. Es en oncología que el dispositivo es el más utilizado, “al menos una vez al día, especialmente en una perspectiva de relajación porque los tratamientos de quimioterapia a veces son muy ansiosos”, dijo Aurélie Thomassin.

Uno de los pacientes en este departamento, que sufre de cáncer de sangre, ha experimentado con el dispositivo dos veces. “Viajé a la playa y luego al bosque”, dice. ¡Incluso me quedé dormido por unos minutos! Estoy bastante convencido, es una ventaja para ayudarlo a relajarse “. El responsable de cuidado argumenta que el dispositivo no es un simple” dispositivo “. “Este sistema fue creado por profesionales médicos y aprobado médicamente”. Así como asegura que la tecnología no reemplazará el trabajo de los hipnoterapeutas ni reemplazará el contacto humano. “Es complementario”.

La Clinique de Genolier es la primera institución en Suiza en utilizar HypnoVR. Del lado de Clinique Générale-Beaulieu, que forma parte del mismo grupo que Genolier, obtenemos información, pero no hemos dado el paso. “Como en la mayoría de los hospitales y clínicas suizas, ya utilizamos la hipnosis, especialmente en radiología o maternidad”, dice Cédric Alfonso, director general del establecimiento de Ginebra. Pero la tecnología de realidad virtual es una forma interesante de estudiar, los médicos me han dicho, entre otras cosas, su utilidad con los niños, antes de administrar una vacuna o una inyección “.

Cerebro: ¿cómo tomamos decisiones?
Nuestro cerebro se enfrenta constantemente a elecciones: ¿macarrones o canutillos de chocolate? Bus o auto? Suéter rojo o verde? Cuando la diferencia de calidad entre dos propuestas es mínima, podemos quedarnos atrapados durante largos minutos antes de tomar una decisión. ¿Por qué es tan difícil decidir? Los neurocientíficos de la Universidad de Ginebra y la Universidad de Harvard han estudiado el tema. Crearon un modelo matemático que demuestra que la estrategia óptima es sumar los valores asociados con los recuerdos de cada elección, y luego calcular la diferencia entre los dos (¿tengo más recuerdos positivos asociados? macarrones o spaghetti?). Cuando dos opciones tienen casi el mismo valor, se necesita más tiempo para decidir porque se necesita más memoria para que esta diferencia alcance el umbral de decisión. Por lo tanto, nuestro cerebro no elige una proposición por su propio valor, sino por lo que tiene además de las otras proposiciones.
A. T.

Publicado por Tribune de Genève, 14 septiembre 2019. Para leer desde el enlace original, en francés, hacer clic aquí.

 

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Últimas noticias del cerebro

Cómo la actividad de las neuronas produce la sensación única y global de estar vivo

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Hace 2.500 años, mientras los babilonios tomaban Jerusalén, el reino de Wu capitaneado por Sun Tzu machacaba a las fuerzas de Chu y Tales de Mileto vaticinaba un eclipse deteniendo así una guerra cruenta, un joven discípulo de Pitágoras llamado Alcmeón de Crotona propuso por primera vez que el cerebro era la sede de la mente. La idea se enfrió después porque Aristóteles, muy en su línea de equivocarse, dictaminó que la sede de la mente era el corazón, y que el cerebro era un mero sistema para enfriar la sangre. Hoy sabemos que Alcmeón tenía razón. Pero, como Aristóteles, seguimos ignorando cómo funciona el cerebro, y por tanto en qué consiste la naturaleza humana.

Nadie niega que entender el cerebro es uno de los dos o tres grandes desafíos que la ciencia tiene por delante y, al menos desde Cajal, la investigación ha sido intensa, brillante y caudalosa. Sabemos hoy que la clave de nuestra mente es la conectividad entre neuronas, la geometría de sus circuitos. Conocemos los mecanismos intrincados por los que una neurona decide mandar por su axón (su output) el resultado de un complejo cálculo que ha hecho integrando la información de sus 10.000 dendritas (su input). Comprendemos los refuerzos de esas conexiones (sinapsis) que subyacen a nuestra memoria, y utilizamos las ondas de alto nivel, resultantes de la actividad de millones de neuronas, para diagnosticar enfermedades mentales e investigar con el grado de consciencia de los voluntarios.

Pero seguimos sin entender cómo el cerebro genera la mente. Quien diga lo contrario es un ignorante o una trama delictiva.

Pese a los repetidos y denodados intentos de asociar la especificidad humana a uno u otro trozo de cerebro radicalmente nuevo, con una arquitectura original e inusitada en la historia del planeta, los datos nos muestran con tozudez que todas nuestras pretendidas peculiaridades —el lenguaje, las matemáticas, la moralidad y la justicia, las artes y las ciencias— hunden sus raíces en las profundidades abismales de la evolución animal, un proceso que empezó hace 600 millones de años con la aparición de las esponjas y las medusas.

Fueron las medusas, precisamente, quienes inventaron los ojos. Hay un gen llamado PAX6 que se ocupa de diseñar el primitivo ojo de estos cnidarios, y su conexión con las primitivas neuronas que andaban por allí. Ese mismo gen, que inicialmente se descubrió en la mosca, es también el responsable del diseño del ojo humano, y sus mutaciones leves causan enfermedades congénitas como la aniridia o ausencia de iris, y otra docena de anomalías en el desarrollo del ojo y sus neuronas asociadas. En un sentido genético profundo, nuestros ojos y nuestro cerebro visual se originaron en las medusas hace 600 millones de años.

Y eso es solo el principio de la larga, larga historia de nuestra conexión con los orígenes de la vida animal. Del lóbulo óptico de los animales primitivos, que es precisamente el dominio de acción de PAX6, proviene nuestro cerebro medio (o mesencéfalo), esencial para la visión, el oído, la regulación de la temperatura corporal, el control de los movimientos y el ciclo de sueño y vigilia. Y de otro de nuestros sentidos, el olfato, que también ancla sus orígenes en la noche de los tiempos de la vida animal, proviene nuestro córtex (o corteza), la capa más externa del cerebro, que en las especies más inteligentes —nosotros, los delfines, las ballenas, los elefantes— ha crecido tanto que no nos cabría en el cráneo de no haberse arrugado hasta producir esa fealdad abyecta que nos sentimos, de manera comprensible, reacios a aceptar como nuestra mente. Y que sin embargo lo es.

Del córtex y sus asociados, esos frutos evolutivos del ancestral cerebro olfativo, emanan todas las asombrosas aptitudes de la mente humana, todo aquello que nos hace tan diferentes y de lo que estamos tan orgullosos. Esa capa exterior y antiestética del cerebro genera –o, más exactamente, encarna— nuestras sensaciones del mundo exterior, nuestras órdenes voluntarias para mover la boca o los brazos, y un enjambre de “áreas de asociación” donde se integran los sentidos, los recuerdos y los pensamientos para producir una escena consciente única, el tejido del que está hecha nuestra experiencia.

Todo el cerebro es un enigma, pero si hubiera que elegir un problema supremo en esa jungla, ese sería el misterio de la consciencia. Y hay una historia científica que es preciso contar aquí. Uno de los grandes científicos del siglo XX, Francis Crick, estaba verdaderamente preocupado de adolescente porque, cuando él hubiera crecido, todo habría sido ya descubierto. Cuando creció, la primera misión del joven Crick fue diseñar minas contra los submarinos alemanes.

Parte de la zona caliente posterior del cerebro, retratada en 'Self Reflected' (2014-2016), obra artística del neurocientífico Greg Dunn y el físico Brian Edwards sobre la consciencia humana.
Parte de la zona caliente posterior del cerebro, retratada en ‘Self Reflected’ (2014-2016), obra artística del neurocientífico Greg Dunn y el físico Brian Edwards sobre la consciencia humana.

Acabada la guerra, sin embargo, Crick se paró a pensar qué grandes problemas quedaban por solucionar en la ciencia. Resolvió que los enigmas esenciales eran dos: la frontera entre lo vivo y lo inerte, y la frontera entre lo consciente y lo inconsciente. Su primer enigma quedó resuelto de manera satisfactoria con la doble hélice del ADN que descubrió con James Watson en 1953. Y el segundo nunca llegó a averiguarlo —eso le habría convertido en el mayor científico de la historia—, pero sí fue capaz de estimular a investigadores más jóvenes y a los gestores de la financiación de la ciencia norteamericana para que se concentraran en ese pináculo pendiente del conocimiento. El principal de sus colaboradores en esta exploración fue Christof Koch, actual director del Instituto Allen de biociencia, en Seattle.

Quince años después de la muerte de Crick, Koch sigue cautivado por el problema de la consciencia. ¿Cómo la actividad de las neuronas individuales, y de los circuitos que forman miles o millones de ellas, produce la sensación única y global de ser consciente, de haber despertado, de estar vivo? Esa convicción de que somos distintos de una medusa, de que somos una entidad trascendente, capaz de entender el mundo y distinta de todo lo anterior. Veamos el estado actual de esta línea de investigación crucial. Es ciencia básica. Las aplicaciones siempre vienen después del entendimiento profundo, como demuestra la historia de la ciencia.

“La consciencia es todo lo que experimentas”, escribe Koch. “Es la canción que se repite en tu cabeza, la dulzura de una mousse de chocolate, la palpitación de un dolor de muelas, el amor feroz por tu hijo y el discernimiento amargo de que, al final, todos esos sentimientos se acabarán”. Hay dos campos científicos que aspiran a, o no pueden evitar, competir con los poetas en la interpretación del mundo: la cosmología y la neurología. Tiene toda la lógica. Una buena ecuación sintetiza una inmensa cantidad de datos en un centímetro cuadrado de papel, igual que un buen verso.

Para filósofos como Daniel Den­nett, el problema de la consciencia es inseparable del enigma de los qualia: lo que sentimos como la rojez del color rojo, la dulzura de un dulce, la sensación de dolor que nos produce un dolor de muelas. Estos filósofos creen que el enigma de los qualia no puede ser resuelto, ni siquiera abordado, por la ciencia, porque esas sensaciones son privadas y no pueden compararse, aprenderse ni medirse por referencias externas. Esta idea, sin embargo, contradice el principio general de que la mente equivale al cerebro, como ya avanzó hace 2.500 años Alcmeón de Crotona.

La investigación actual apunta a que la llamada “zona caliente posterior” del córtex nos hace conscientes

Si todo lo que ocurre en nuestra mente es producto de —o más bien es idéntico a— la actividad de ciertos circuitos neuronales, la consciencia no puede ser una excepción, o de otro modo volveríamos al animismo irracional, a la creencia en un alma separada del cuerpo, a los fantasmas y a los ectoplasmas. Crick y Koch decidieron saltarse el supuesto enigma de los qualia para concentrarse en buscar los “correlatos neurales de la consciencia”, es decir, los circuitos mínimos suficientes para que se produzca una experiencia consciente. La estrategia ha sido fructífera.

Tomemos el efecto bien conocido de la rivalidad binocular. Con un sencillo montaje, puedes presentar una imagen al ojo izquierdo de un voluntario (un retrato de Pili, por ejemplo) y otra al ojo derecho (un retrato de Juanma). Podrías pensar que el voluntario vería una mezcla chocante de las dos caras, pero si le preguntas verás que no es así. Ve un rato a Pili, luego de pronto a Juanma, después otra vez a Pili y así. Los dos ojos rivalizan por hacer llegar su información a la consciencia (de ahí “rivalidad binocular”). ¿Qué cambia en el cerebro cuando la consciencia flipa de una cara a la otra?

Los experimentos de este tipo, combinados con las modernas técnicas de imagen cerebral, como la resonancia magnética funcional (fMRI), apuntan una y otra vez a la “zona caliente posterior”. Está compuesta por circuitos de tres lóbulos (partes del córtex cerebral): el temporal (encima de las orejas), el parietal (justo encima del temporal, en todo lo alto de la cabeza) y el occipital (un poco por encima de la nuca). Esto es en sí mismo una sorpresa, porque la mayoría de los neurocientíficos habrían esperado encontrar la consciencia en los lóbulos frontales, la parte más anterior del córtex cerebral, y la que más ha crecido durante la evolución humana. Pero no es así. La consciencia reside en zonas posteriores del cerebro que compartimos con la generalidad de los mamíferos.

Otro descubrimiento reciente es que las áreas implicadas en la consciencia —la zona caliente posterior— no son las que reciben las señales directas de los ojos y los demás sentidos. Lo que ocurre en esas áreas primarias no es lo que el sujeto ve, o es consciente de ver. La consciencia está en áreas que reciben, elaboran e interconectan esa información primaria, tanto en la vista como en los demás sentidos.

Una práctica quirúrgica tradicional nos ofrece más pistas valiosas. Cuando los neurocirujanos tienen que extirpar un tumor cerebral, o los tejidos que causan ataques epilépticos muy graves, toman antes una precaución bien lógica: a cráneo abierto, estimulan con electrodos las zonas vecinas para ver exactamente dónde están en el mapa del córtex, y hasta dónde conviene llegar (o no llegar) con el bisturí. Fue así, de hecho, como se cartografió el homúnculo motor, esa figura humana deforme que tenemos encima de la oreja y controla todos nuestros movimientos voluntarios. Estimula aquí y el paciente mueve una pierna; estimula allí y moverá el dedo medio de la mano izquierda, o la lengua y los labios.

Cuando lo que se estimula es la zona caliente posterior, el paciente experimenta todo un abanico de sensaciones y sentimientos. Puede ver luces brillantes, caras deformadas y formas geométricas, o sentir alucinaciones en cualquier modalidad sensorial, o ganas de mover un brazo (pero esta vez sin llegar a moverlo). En su forma normal, este parece ser el material con el que se teje nuestra consciencia. Cuando parte de la zona caliente resulta dañada por una enfermedad o un accidente, o extirpada por los cirujanos, el paciente pierde contenidos de la consciencia. Se vuelven incapaces de reconocer el movimiento de cualquier objeto o persona, o el color de las cosas, o de recordar caras que antes le resultaban familiares.

La neurociencia, por tanto, no solo ha demostrado la hipótesis de Alcmeón de Crotona —que el cerebro es la sede de la mente—, sino que también ha encontrado el lugar exacto en que reside la consciencia. Entender cómo funciona ese trozo de cerebro es una cuestión mucho más difícil, que algún día merecerá un Premio Nobel. Pero la mera localización de la consciencia en la parte posterior del córtex cerebral tiene una implicación nítida. El sello distintivo de la evolución humana es el crecimiento explosivo del córtex frontal. El córtex posterior, incluida la zona caliente, lo hemos heredado de nuestros ancestros mamíferos y de más allá. Muchos animales, por lo tanto, deben ser conscientes: tienen una mente en el sentido de Alcmeón. Es una idea perturbadora, pero tendremos que aprender a vivir con ella y a gestionar sus implicaciones.

Entender el cerebro es sin duda uno de los mayores retos que tiene planteados la ciencia actual. Se trata del objeto más complejo del que tenemos noticia en el universo, y la tarea resulta formidable. Pero la recompensa será grande para la investigación y el pensamiento. Quizá no falte tanto para ello.

Publicado por El País. Para leer desde el enlace original, hacer clic aquí.
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Cómo controlar la “alimentación emocional” cambiando el mundo

 

El siguiente artículo puede ayudarnos a tener una perspectiva diferente sobre
algo que queremos cambiar sobre nosotros mismos pero sentimos que no podemos.
Incluso si nuestras razones para desear un cambio son importantes y suficientemente serias, Tal vez esta pieza inspiradora nos ayudará a cambiar el enfoque hacia algo más motivador, más divertido. La hipnosis y la hipnoterapia pueden
ayudarnos a decidir y ensayar mentalmente los pensamientos, emociones y
comportamiento que queremos tener. Además, el siguiente artículo puede
contribuir a añadir un poco de creatividad a nuestro ensayo mental. Visite las páginas de este blog o contáctenos directamente para más información.

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Intenta encontrar una razón CRUCIAL para comer bien

En un día determinado, al menos una docena de personas me preguntan cómo dejar de comer emocionalmente en exceso . Anteriormente he compartido varios consejos prácticos aquí, así que hoy voy a presentar algo completamente diferente: cómo parar de comer emocionalmente, cambiando el mundo.
Aunque las técnicas prácticas que enseño son muy poderosas, existe un límite para cuánto puede cambiar el comportamiento a menos que se tenga una razón lo suficientemente fuerte como para hacerlo. Para algunos, es la amenaza de graves consecuencias para la salud. Para otros es la pérdida de peso deseada, la confianza de poder usar la ropa preferida, la energía para jugar con hijos y nietos, la mejor digestión, la liberación de una obsesión mental, etc.
Pero la motivación más poderosa, por mucho, es algo que puede sorprender. Es difícil de hacer, pero cuando se consigue entender, romper nuestra dieta para tener un poco de “comodidad emocional” se vuelve infinitamente menos atractivo. La motivación más efectiva que he encontrado es un sentido de un determinación unido a la creencia de que nosotras/nosotros podemos causar realmente un impacto. En resumen, es el conocimiento de que uno puede cambiar el mundo al menos de una forma pequeña pero importante .
Cuando alguien cree que es posible cambiar el mundo, quiere gastar tanta energía como sea posible en este propósito. Perder varias horas de su día para recuperarse de comer en exceso ya no es una opción, ni lo es la energía mental desperdiciada para autoculparse a partir de eso.
El proyecto y el significado engañan al deseo de consuelo emocional con la comida.
El problema es que la mayoría de las personas no creen que puedan cambiar el mundo. Piensan que no son más que un pequeño engranaje en una grande y poderosa máquina, por lo que la gratificación a corto plazo de bagels, pizza, patatas fritas, chocolate, etc. se vuelve más atractiva. “Es el único placer real con el cual podemos contar “, dice la voz de la razón en su cabeza. Pero esto es una mentira. Cuando termines de leer esta publicación, verás que solo se requiere un poco de dedicación a la mentalización correcta para aprovechar esta motivación extremadamente poderosa para dejar de comer emocionalmente.
Así que disculpa mi falta de modestia y grandiosidad mientras soy lo suficientemente valiente como para creer que puedo enseñarte cómo cambiar el mundo en unos pocos párrafos.
Cómo cambiar el mundo
Sí, estoy seguro de que puedo cambiar el mundo. En este punto de mi vida estoy empezando a tener evidencia: mi libro debería tener 1,000,000 de lectores al año. Pero la cuestión es que siempre me sentí así, y yo no creo que podría haber marcado una gran diferencia si no lo hubiera sentido. Aqui esta cómo se puede cultivar tambien este sentimiento.

Decide. En primer lugar, decide que estás aquí para cambiar el mundo. No esperes a rezar para tener una oportunidad. Olvída lo de “algún día”.
Olvída los obstáculos. Olvída del hecho de que no tienes casi suficiente tiempo, dinero y / o apoyo emocional. Decide que es lo que quieres cambiar y poseer. Decláralo. Adóptalo como conclusión inevitable y vendrá. ¿Has declarado sus intenciones y las has guardado en tu alma? ¿Lo tienes?
Comienza contigo mismo. No necesitas una audiencia de un millón de personas para cambiar el mundo, primero se cambia el mundo cambiando a tí mismo. Cuando te conviertes en alguien que crees completamente en ti mismo y en tu causa, cuando encarnas tus valores en todo lo que haces, te conviertes en un gran catalizador del cambio mayor que el cualquier campaña multimillonaria de publicidad y marqueting podría proporcionarte.
Por el contrario, si no encarnas esos valores de principio a fin, tener una mayor o más alta plataforma desde la cual gritar solo amplificará la confusión.
Olvídate de los números. Puedes cambiar el mundo de una manera profunda al impartir tus valores, amor y sabiduría en solo otra persona. Es contagioso. Si te comprometes a ello, el mensaje se extenderá. Por ejemplo, los buenos padres cambian el mundo de manera más profunda que yo nunca podré. Infunde amor en un solo precioso ser humano y creo que tu lugar en el cielo está asegurado. En un nivel diferente, debes entender que siempre hay una etapa más allá, y si te enfocas, deprimido, a los que no alcanzas, nunca los alcanzarás. Sé la persona que baila en un campo vacío.
Las personas que envidian mi éxito piensan que tuve suerte. No vieron los años en que me presenté y me senté en una sala de seminarios vacía para dar mi charla con una audiencia a la que resulta que yo era el único que esperaba que viniera. Ellos no saben el dolor que experimenté al aprender a comercializar, anunciar, presentar y liderar. No conocen todas las pruebas, tribulaciones que pasé con compañeros difíciles, malos negocios y ofertas, tomando el extremo corto del palo una y otra vez. Pero lo que es más importante, no ven cómo aprendí a abrazar la lucha cotidiana, incluso hoy. Mira, siempre hay un escenario más grande, y tú siempre necesitas más recursos, tiempo y energía para alcanzarlo. Es duro de equilibrar. Pero si estás comprometido con tu causa, puedes y lo harás. Sigue escalando. Lo sé. Aduéñate de ello.
Acepta que si quieres ser amado necesitarás ser odiado. Ojalá pudiera decir que mi viaje ha sido uno completamente bañado en amor y adoración. Pero en el camino aprendí que no puedes influir en el mundo en cualquier tipo de escala si no estás dispuesto a ser odiado. Si tu quieres crear un cambio en el mundo, vas a tener que ser el tipo que de alguna manera se pone de pie y dice: “Las cosas no están bien. Tu has sido engañado, y maltratado. ¡El emperador no lleva ropa!”
También vas a encontrar una masa de personas que prefieren que las cosas no cambien. El emperador puede haber adquirido su posición con un apoyo sustancial del público, por equivocado que sea el apoyo ha existido. Si quieres cambiar cómo piensan tienes que encajar su enojo. Si quieres ser amado, vas a tener que ser odiado. Cuanta más diferencia quieras hacer, más ira pública tendras que afrontar.
Alimenta a tu audiencia como lo harías con tus hijos. Pasé 10 años enseñando marketing relacional a una audiencia emprendedora de casi 50,000 personas. El único lugar donde vi a la gente quedarse atascada fué pensando en que estaban hablando a sus compañeros o superiores Como consecuencia, censuraban todo lo que tenían que decir por temor a que el juicio de estas personas los aplastara. Pero lo que pasa es que tienes un impacto persuasivo mucho más amplio cuando dices lo que necesitas decir como si estuvieras hablando con tus hijos, no con tus profesores, maestros de escuela y colegas. A menudo cuando hablaba en seminarios de marketing, le pedía a la gente que levanten la mano si eran padres. Entonces, les pedía que MANTUVIERAN las manos arriba si alguna vez se habian bloqueado al escribir. La gente quedaba perpleja por la yuxtaposiciónde estas dos preguntas, pero casi todas las manos permanecieron en el aire. Entonces pregunté: “Ahora, bajad la mano si prácticamente todos los días teneis tengo algo significativo que decirles a tus hijos “. Las manos de todos cayeron inmediatamente y asentían entendiendo.
No te preocupes por lo que tienes que decir como si estuviera presentando un proyecto en la universidad. Levántate y dilo como si tus hijos necesitaran escucharlo. No tienes el lujo de “bloqueo de los padres” y ya te entrenaste lo suficiente a su ser creativo para decir lo que hay que decir cada día. No te des el lujo del “bloqueo del escritor” tampoco y podrás ser prolífico, especialmente si ya has encarnado los principios anteriores.
Mantente inspirado. Si vas a cambiar el mundo, el mundo necesitará sentir tu inspiración personal. Es a tu energía y entusiasmo al que responderán, no solo al contenido de tu mensaje. Entonces lée libros. Escucha audios inspiradores. Sal afuera, por el amor de Dios, sal y disfruta de lo que la naturaleza tiene para ofrecer! Hay mucho para apreciar de este mundo a pesar de toda la locura. Hazlo, te lo mereces. Y es tu responsabilidad si vas a adeclararte un líder en este mundo. “No se puede verter desde un recipiente vacio.”

“Para terminar, hazme un favor: hoy, en lugar de buscar amor en el fondo de una bolsa, caja o contenedor, pregúntate qué quieres cambiar en este mundo, y cómo vas a comenzar de inmediato. Eso podría ser algo tan simple como ser un mejor padre, cónyuge o amigo, o tan grande como tener un impacto en el cambio climático, terminar la trata de personas, o curar un tipo particular de cáncer.
Margaret Mead dijo: “Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos comprometidos pueden cambiar el mundo; de hecho, es lo único que alguna vez lo ha hecho ”. Creo que deberíamos llevar esto un salto más allá: “Nunca dudes del poder de una persona en una misión organizada para cambiar el mundo, de hecho, es lo único que tiene esde poder ”. La razón por la que siento justificado difundir su pensamiento es porque un pequeño grupo de los ciudadanos reflexivos y comprometidos siempre comienzan con la grandiosa idea y energia de una persona. Alguien tiene que proporcionar la primera chispa, y es siempre “mejor encender una vela que maldecir la oscuridad” (proverbio judio).
Sobre el AutorEl Dr. Glenn Livingston es psicólogo y autor del libro Never Binge Again. Sus ideas inusuales sobre comer en exceso derivan de décadas de investigación y su propia recuperación.

Publicado por Psychology Today el 10 de julio de 2019. Para leer depublicación original, en inglés, haga clic aquí.

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Este ejercicio de respiración puede calmarte en unos minutos

El siguiente artículo comparte una técnica interesante para aprender a
utilizar nuestra respiración de manera productiva. Este es uno de los principales aspectos de la hipnosis y la hipnoterapia. Si encuentra útil este ejercicio, puede
estar interesado en encontrar más información sobre la hipnoterapia. Con el uso de técnicas de respiración e hipnóticas, puede tener la oportunidad de
reflexionar, planificar y / o modificar aquellos aspectos de su vida que pueden incomodarle en este momento. Es una poderosa y fascinante
experiencia. Visite las páginas de este blog o contáctenos directamente
para más información.

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Aunque el capitalista inversor con riesgo y autor Scott Amyx ha dado discursos
ante miles de personas en empresas y organizaciones de todo el
mundo, a menudo siente gran ansiedad antes de subir al escenario. Para calmarse
a sí mismo, pero también mantener la mente despejada, recurre  regularmente a la
práctica de respiración que aprendió hace varios años de psicólogo en deporte.

Al hacer esta práctica durante 30 minutos cada mañana, más algo más de tiempo antes de salir al escenario, Amyx dice: “Puedo manejar mi ansiedad y convertir esta energía nerviosa en una presentación poderosa “.Cualquiera que haya asistido a una clase de yoga sabe que el trabajo de respiración es común en el principio o el final de una clase. Esto es porque los antiguos yoguis reconocemos que podemos calmarnos o activarnos cambiando la profundidad y ritmo de nuestra respiración. Sin embargo, en los últimos años, los profesionales de la salud mental también han comenzado a descubrir esto. Algunos han comenzado a recomendar técnicas de respiración a sus pacientes con ansiedad, trastorno de estrés postraumático y depresión. Cynthia Stonnington, catedrática del departamento de psiquiatría psicología de la Clínica Mayo en Phoenix, Arizona, dice que a menudo enseña a los pacientes el ejercicio de respiración porque “muchas personas encuentran beneficio, ninguno informa de efectos secundarios, y es algo que compromete al paciente en su recuperación al hacer una actividad “.El tipo de trabajo de respiración emerge como uno de los más beneficiosos, es simple y puede aprenderse en minutos. Lo habrá aprendido, en realidad, para cuando haya terminado de leer este artículo. Llamado respiración resonante o Respiración Coherente (un término registrado), ha sido fomentado por un par de psiquiatras en la ciudad de Nueva York que lo encontraron valioso incluso para condiciones mentales graves y que lo han utilizado con supervivientes de genocidios, terremotos, tsunamis y otros desastres. La técnica de la respiración también está siendo utilizada por veteranos en al menos dos hospitales de la Administración de Veteranos en los EE. UU.
Esta forma de respiración surgió después de años de estudiar antiguas prácticas de respiración de los pueblos indígenas de todo el mundo, desde el yoga y qi gong a las tradiciones africanas, hawaianas y nativas americanas, explica Patricia Gerbarg, profesora clínica asistente de psiquiatría en el New York Medical College, que estudia la técnica junto con su esposo Richard Brown, profesor asociado de psiquiatría clínica enColegio de Médicos y Cirujanos de la Universidad de Columbia.
Gerbarg dice”Queríamos identificar un programa corto que se pudiera dar rápidamente a personas, que notaran alivio inmediato dentro de cinco o diezminutos, y eso con el tiempo produciría cambios a largo plazo ” . Estudios pequeños pero importantes están documentando el valor de esta técnica. Un estudio publicado en el Journal of Alternative
and Complementary Medicine en 2017, dirigido por investigadores de la Universidad de Boston, pidió a 30 pacientes con depresión mayor que practicaran regularmente el método de respiración, junto con el yoga Iyengar. Después de tres meses, los síntomas depresivos habían disminuido significativamente, medido por una prueba estándar de valoración de la depresión.
Un beneficio clave de esta respiración es que puede hacerse en cualquier lugar. Esto simplemente implica respirar regularmente por la nariz, a un ritmo de cinco respiraciones por minuto. (Esto se traduce en un recuento de seis: uno por segundo, para cada inhalación y exhalación). Inicialmente, ayuda respirar con los ojos cerrados, pero una vez que se tiene experiencia, se pueden mantener abiertos. De esa manera, si se encuentra ansioso, deprimido o estresado en cualquier momento durante el día, puede sentarse en su escritorio o en una reunión y hacer algunas rondas. “Es totalmente privado. Nadie sabe que está haciendo “, dice Gerbarg.
La respiración debe ser suave, explica Gerbarg, porque el objetivo es equilibrar las dos ramas del sistema nervioso: simpático (“pelear o huir”) con el parasimpático (“descansar y digerir”). Cuando comenzó a observar el poder restaurador de la respiración, el la razón predominante parecia ser que enviaba oxígeno extra al cerebro. Pero esta explicación no podía justificar los profundos efectos que estaban observando en personas que practicaban la respiración. Además, algunos tipos de ejercicios respiratorios disminuyen la oxigenación.
La verdadera razón por la que funciona, creen ahora  Gerbarg y Brown, es porque los nervios vagales, – que conectan el cerebro con el cuerpo y le dicen a los órganos cuándo golpear, respirar, digerir y similares -, envian incluso más mensajes en la otra dirección desdedel cuerpo al cerebro segun se ha observado en años recientes. “Estos mensajes ascendentes influyen fuertemente en respuesta al estrés, a la emoción y a las redes reguladoras neurohormonales ” según escribieron en un capítulo sobre la respiración resonante en el libro de 2015, Terapia por Yoga: teoría y práctica. “La respiración es la única función autónoma que podemos controlar voluntariamente”, dice Gerbarg, por lo que tiene sentido cambiar el patrón de respiración para cambiar los mensajes que recibe el cerebro. El el ritmo igual de esta respiración equilibrada le dice al cerebro que simultáneamente se relaje y mantenga alerta, lo que le permite mantener la calma pero también socializar o  hacer su trabajo, o, en el caso de Amyx, dar un gran discurso.
La calma, ya que incluso las respiraciones envían mensajes de seguridad, dice Gerbarg, reduce los pensamientos ansiosos o depresivos, y permite más amor y emociones sociales para emerger. Las reacciones adversas de esta respiración son raras. Sin embargo, las personas con asma severa pueden encontrar que al principio, la respiración puede estrechar un poco sus vías respiratorias, lo que puede exacerbar problemas respiratorios. Por esta razón, es mejor que prueben esta practica solo bajo la supervisión de un experto.
Para realizar un seguimiento del tiempo, es mejor no contar en voz alta, o incluso no usar una señal visual como una luz parpadeante, porque estas gastan demasiado en el lado comprensivo de la ecuación. Stephen Elliott, un practicante de biofeedback que registró el término Respiración Coherente, ha creado una aplicación de cronometraje, llamada “dos campanas” (descarga desde la web Coherence.com), que presenta distintas campanas tibetanas alternando cada seis segundos para avisarle que es hora de inhalar o exhalar.
Gerbarg y Brown también imparten talleres periódicos de fin de semana por el país llamados Breath-Body-Mind, que incluyen rondas repetidas de respiración resonante junto con movimientos simples de qi gong y meditaciones.
Stonnington cree que más psiquiatras deberían aadoptar esta respiración “Podría atraer a más pacientes a buscar ayuda porque la opción de usar una variedad de modalidades, no todas involucrando medicamentos, es atractiva para muchas personas “, dice ella.
Por supuesto, el mayor desafío para alguien con depresión es motivarse para hacerlo en primer lugar, especialmente si otras técnicas le han fallado. Mientras que Gerbarg recomienda sesiones de 15 o 20 minutos o incluso más como ideal, cualquier cantidad es valiosa. Si solo puede hacer dos o tres respiraciones, eso es suficiente para comenzar a moverse en una dirección más saludable.
Publicado por vice.compor Meryl Davids Landau15 mar 2018, 9:47 pm
Para leer desde el enlace original, en inglés, hacer clic aquí.
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Qué es la epigenética y cómo explica que los hijos hereden los traumas de los padres

epigenética

Imagen del enlace original en BBC news, de ALAMY

 

En 1864, cerca del final de la Guerra Civil de Estados Unidos, las condiciones en los campos de prisioneros de guerra de la Confederación estaban en su peor momento.

Hubo tal hacinamiento en algunos campamentos que los prisioneros, soldados del Ejército de la Unión del norte, tenían el espacio en metros cuadrados equivalente a una tumba. La cifra de muertes de los presos se disparó.

Para muchos de los que sobrevivieron, la desgarradora experiencia los marcó de por vida.

Cuando la guerra acabó, volvieron con problemas de salud, peores perspectivas laborales y menor esperanza de vida.

Pero el impacto de todos estos problemas no se limitó únicamente a quienes los sufrieron en primera persona.

Los efectos se extendieron a los hijos y los nietos de los prisioneros, en una herencia que parecían pasar a través de la línea masculina de las familias.

Si bien los hijos y nietos no estuvieron en ningún campo de prisioneros de guerra, y pese a que no les faltó de nada durante su infancia, sufrieron tasas de mortalidad más altas que el resto de la población en general.

Al parecer, los prisioneros transmitieron parte de su trauma a sus descendientes.

Pero a diferencia de la mayoría de las enfermedades hereditarias, esto no se produjo como consecuencia de mutaciones en el código genético.

Herencia oscura

Los investigadores analizaron un tipo de herencia mucho más oscura: cómo las cosas que le pasan a alguien a lo largo de su vida pueden cambiar la forma en que se expresa su ADN, y cómo ese cambio puede transmitirse a la próxima generación.

Este es el proceso llamado científicamente epigenética, donde la legibilidad o expresión de los genes se modifica sin que se produzca un cambio en el código del ADN.

Es decir, existen pequeñas etiquetas químicas que se agregan o eliminan de nuestro ADN en respuesta a los cambios en el entorno en el que vivimos.

Estas etiquetas activan o desactivan los genes, posibilitando la adaptación a las condiciones del entorno sin causar un cambio más permanente en nuestros genomas.

El hecho de que estos cambios epigenéticos puedan transmitirse a las generaciones posteriores tendría unas implicaciones enormes.

Supone que las experiencias vividas por una persona, especialmente las traumáticas, tendrían un impacto muy real en su árbol genealógico.

Existe un número creciente de estudios que apoyan la idea de que los efectos de un trauma pueden transmitirse a las siguientes generaciones a través de la epigenética.

En los campamentos de la Confederación, estos cambios epigenéticos fueron el resultado del hacinamiento extremo, el deficiente saneamiento y la desnutrición.

Los hombres tuvieron que sobrevivir con pequeñas raciones de maíz, y muchos murieron de diarrea y escorbuto.

“En este período de inanición intensa, los hombres se volvieron esqueletos andantes”, dice la autora del estudio Dora Costa, economista de la Universidad de California, en Los Ángeles.

Costa y sus colegas estudiaron los expedientes médicos de casi 4.600 niños cuyos padres habían sido prisioneros de guerra y los compararon con los de más de 15.300 niños de veteranos de guerra que no habían sido capturados.

Los hijos de los primeros tenían una tasa de mortalidad un 11% más alta que los hijos de veteranos que no fueron prisioneros.

Los investigadores hallaron que otros factores, como el estado socioeconómico del padre y el trabajo y el estado civil del hijo, no podrían explicar esa mayor tasa de mortalidad.

¿Y las niñas?

Estas mayores tasas de mortalidad se debieron principalmente a mayores ratios de muerte por hemorragia cerebral.

Los hijos de los veteranos de guerra que habían sido prisioneros también eran ligeramente más propensos a morir de cáncer. Sin embargo, sus hijas parecían ser inmunes a esto.

Este patrón inusual ligado al género de la descendencia fue una de las razones que levantaron las sospechas de Costa.

Empezó a pensar que estas diferencias de salud estaban provocadas por cambios epigenéticos. Pero, primero, Costa y su equipo tuvieron que descartar que fuera un efecto genético.

Los niños nacidos antes y después de la guerra debían tener la misma probabilidad de reducción en la esperanza de vida. Pero “si miras dentro de las familias, solo hay efectos entre los hijos nacidos después, pero no antes de la guerra”, dice la experta.

Así que una vez descartadas las causas genéticas, la explicación más plausible que quedaba era un efecto epigenético.

“La hipótesis es que hay un efecto epigenético en el cromosoma Y”, dice Costa.

Efectos en los descendientes masculinos

Este efecto es consistente con los estudios en aldeas suecas remotas, donde la escasez en el suministro de alimentos tuvo un efecto generacional en la línea masculina, pero no en la línea femenina.

Pero ¿qué pasaría si este mayor riesgo de muerte se debiera a un legado del trauma del padre que no tuvo nada que ver con el ADN?

¿Qué pasaría si los padres traumatizados tuvieran más probabilidades de abusar de sus hijos, provocando consecuencias de salud a largo plazo?

Una vez más, comparar la salud de los niños dentro de las familias ayudó a descartar esto.

Los niños nacidos de padres en una fecha anterior a que fueran prisioneros de guerra no mostraban un aumento en la mortalidad. Pero los hijos de los mismos hombres nacidos después de su experiencia en la guerra sí lo hicieron.

“Descifrar esto supone descartar las otras opciones posibles”, dice Costa.

“La mayor parte del caso es una prueba por eliminación y ver cuál es la explicación más consistente”, añade.

Muchas de las veces en las que se cree que el trauma se ha transmitido a través de la epigenética están vinculadas a los momentos más oscuros de la historia.

Se cree que las guerras, las hambrunas y los genocidios han dejado una marca epigenética en los descendientes de quienes los sufrieron.

Algunos estudios han resultado más controvertidos que otros. Un análisis de 2015 descubrió que los hijos de los sobrevivientes del Holocausto tuvieron cambios epigenéticos en un gen que estaba vinculado a sus niveles de cortisol, una hormona involucrada en la respuesta al estrés.

“La idea de una señal, un hallazgo epigenético en la descendencia de los sobrevivientes puede significar muchas cosas”, dice Rachel Yehuda, directora de la División de Estudios de Estrés Traumático de la Escuela de Medicina Mount Sinai de Nueva York y autora de dicho estudio.

“Es emocionante que esté ahí”.

El estudio fue pequeño. Evaluó solo a 32 sobrevivientes del Holocausto y a un total de 22 de sus hijos, con un pequeño grupo de control.

Varias generaciones

Los investigadores han criticado las conclusiones del estudio. Sin mirar varias generaciones y buscar más ampliamente en el genoma, no podemos estar seguros de que sea realmente una herencia epigenética.

Yehuda reconoce que los resultados fueron exagerados en algunos informes, y se necesitarían análisis más amplios que evalúen varias generaciones para sacar conclusiones firmes.

“Fue solo un estudio pequeño, una sección transversal de adultos, muchos años después del trauma de los padres. El hecho de que recibimos una pista fue una gran noticia “, dice Yehuda.

Saber que las consecuencias de nuestras propias acciones y experiencias podrían afectar la vida de nuestros hijos, incluso mucho antes de que sean concebidos, podría dar un giro muy diferente a cómo elegimos vivir.

A pesar de la evidencia de estos ecos de traumas a lo largo de las generaciones, hay un gran obstáculo en la investigación de la herencia epigenética: nadie está seguro de cómo sucede.

Algunos científicos piensan que en realidad es un hecho muy raro.

Una de las razones por las que puede no ser muy conocido es que la gran mayoría de un tipo de marca epigenética en el ADN -llamada metilación– se borra en el momento de la concepción del embrión.

“Tan pronto como el esperma ingresa al óvulo en un mamífero, se produce una rápida pérdida de la metilación del ADN del conjunto paterno de cromosomas”, dice Anne Ferguson-Smith, una investigadora que estudia epigenética en la Universidad de Cambridge, Reino Unido.

“Esa es la razón por la que la herencia epigenética transgeneracional es una sorpresa”.

“Es muy difícil imaginar cómo alguien podría tener una herencia epigenética cuando hay un proceso que elimina todas las marcas epigenéticas previas y coloca otras nuevas en la próxima generación”.

Hay, sin embargo, partes del genoma que no se limpian.

Un proceso llamado impronta genómica protege la metilación en puntos específicos del genoma. Pero estos sitios no son aquellos donde se encuentran los cambios epigenéticos relevantes para el trauma.

Hay investigadores convencidos de que han encontrado las características de la herencia epigenética para varios rasgos, tanto en humanos como en animales. Además, creen haber hallado el mecanismo que la hace funcionar.

Podrían ser moléculas similares al ADN, conocidas como ARN, las que están alterando el funcionamiento de los genes.

Un reciente artículo reveló pruebas sólidas de que el ARN puede desempeñar un papel en la forma en que se heredan los efectos del trauma.

“Nuestro modelo es bastante único”, dice Isabelle Mansuy, de la Universidad de Zúrich, Suiza, quien dirigió la investigación. “Imita las familias desintegradas, o el abuso, la negligencia y el daño emocional que a veces vemos en las personas”.

Esta investigación, al igual que muchos estudios en ratones, se centra en el esperma y la herencia epigenética en la línea masculina.

Esto no significa que los científicos crean que este fenómeno solo sucede en los hombres.

Es mucho más difícil estudiar los óvulos que estudiar los espermatozoides.

Los esfuerzos para descifrar la herencia epigenética en la línea femenina es el siguiente paso en la investigación.

“Teníamos que empezar por algún lugar”, dice Mansuy. “Pero estamos buscando tener un modelo que muestre cómo se produce la herencia tanto a través de mujeres como de hombres”.

Diversos experimentos con ratones revelaron a los investigadores que los procesos de “desensibilización” revertían el efecto.

Y sugirió que si los humanos heredan el trauma de manera similar a como lo hacen los ratones, el efecto en nuestro ADN podría deshacerse utilizando técnicas como la terapia cognitiva conductual.

Curar los efectos de traumas vividos puede detener el proceso epigenéticopara que no lo hereden generaciones posteriores.

*Las ilustraciones de este artículo fueron creadas por Javier Hirschfeld para la BBC.

, Mayo 4, 2019. para leer desde el enlace original, hacer clic aquí.

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