“Todos somos hipnotizables y ya usamos eso para curar”

En Lourdes, ¡milagro!

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LV | Foto: Kim Manresa para La Vanguardia

Gironell, que ha presidido la Societat Catalana de Neurologia, me recibe rodeado de sus colaboradores: exploran una frontera terapéutica para un mal sin cura, el trastorno conversivo. El inconsciente impone una discapacitante disfunción somática que burla a la biología y al consciente… La medicina deja por imposible al paciente: alguno sanará en Lourdes y otros serán tratados por este equipo único en España… ¡con hipnosis! El equipo: Àlex Gironell (hospital de Sant Pau) y el grupo ViaBCN (Juan Manuel Badosa, Albert Roig, Danilo Moggia, Raffaele Tuccillo, Giulia Marconi, Marc Muñoz y Rafael Moreno). No he escrito esta entrevista bajo hipnosis.., pero ¿y si sí?

 

Trata a un paciente de una enfermedad inexistente?

El paciente padece disfunciones físicas muy discapacitantes… ¡sin base biológica!

¿Qué disfunciones?

Se queda ciego. O sordo. O afónico. O mudo. O paralizado de medio cuerpo…

Poca broma.

O temblores en las manos. O se desmaya de pronto. O necesita silla de ruedas…

¿Qué le está pasando?

Que ha visto esa dolencia en algún conocido, un vecino, una película… y él la reproduce.

¡Está fingiendo, pues!

¡No!

¿Cómo que no?

Es involuntario. No es decisión consciente de su voluntad. ¡Él no entiende por qué le pasa! Y acude al médico… y el médico no detecta una causa biológica. Y me lo envía.

La causa del mal es psíquica, ¿no?

Un conflicto profundo no ha sido expresado, ni verbalmente ni en relaciones interpersonales con su entorno… ¡y el cuerpo lo expresa! Porque una emoción aflora siempre, ¡siempre!, tarde o temprano, de un modo u otro.

¿Cómo llamamos a este trastorno?

Histeria.

Vaya…

No es un insulto, es un trastorno psiquiátrico: trastorno conversivo o funcional.

Porque convierte en físico lo psíquico.

Sólo cuando ese paciente tiene público.

¿De verdad?

Si esta solo, ¡suele desaparecer el síntoma! Lo hemos verificado con cámara oculta…

O sea, que nuestro inconsciente busca ser visto.

Hace poco, la Guardia Civil detuvo a un conductor que iba a 200 km/hora por una autopista… ¡y era ciego!

Ciego conversivo, entiendo.

Sí, diagnosticado ciego… pero a solas al volante de su coche, ¡veía perfectamente!

Cuesta entenderlo…

Los análisis y el escáner no detectan lesión neuronal ni orgánica, pero la función de ese miembro u órgano se ha desconfigurado.

Por una orden inconsciente.

El cerebro obedece esa orden y otra a la vez: “No serás consciente de estar obedeciendo”.

¿Se conocía este trastorno antes?

Desde la antigüedad se describen casos… ¡Y cada día hay más!

¿Sí? ¿Y por qué?

Es un trastorno de base relacional: deriva de la necesidad de comunicarnos, y cada día existe más gente solitaria…

¿Y tiene cura?

Casos de supuestas curaciones milagrosas de cegueras o parálisis, como en Lourdes, ¡lo son de trastornos conversivos! En esa circunstancia el inconsciente hace un clic… ¡y adiós disfunción! ¿Milagro? No tanto…

¡Indaguen en ese clic, entonces!

Sabemos que el rezo del devoto es una suerte de autohipnosis: distrae la atención del síntoma, da opción al inconsciente a digerir el conflicto. ¡Y por eso estamos aplicando hipnosis clínica a pacientes conversivos!

¡Hipnosis! No me diga… ¿Solemnes neurólogos… hipnotizando a pacientes?

No piense en los shows de hipnotismo… Son sesiones en que inducimos al paciente a fijar la atención en un punto, algún estímulo sensorial (su respiración, el latido de su corazón…), y así se abre la ocasión de sugestionarle mediante la metáfora.

¿Metáfora?

Es el lenguaje del inconsciente. Una vez localizado el conflicto, lo metaforizamos en un relato, un cuento… y acto seguido metaforizamos también su resolución.

¿Y así se curan?

Un tercio de los pacientes ha sanado, otro tercio ha mejorado…

Cuénteme algún caso real.

Tras una depresión posparto, una mujer quedaba a veces semiparalizada y abotargada. “Me siento encerrada en un ataúd”, decía. Descubrimos el foco del conflicto…

¿Cuál?

Su pareja le amaba, pero era fría, y ella ansiaba calidez. En la conversación, él le tocó la mano… ¡y ella creyó que era un adiós! Su inconsciente decía: “Mi esposo me dejará y no puedo hacer nada, estoy paralizada”.

¿Y se curó?

La sugestionamos para que reinterpretase cada pequeño contacto de él como: “Mujer, he estado, estoy ¡y seguiré estando contigo!”. Y sí, así se curó de sus parálisis.

¿Hasta qué punto somos todos sugestionables?

Ya se hacen operaciones quirúrgicas sugestionando al paciente contra el dolor: la hipnosis es más barata que la anestesia y sin efectos colaterales nocivos.

¿Es como estar dormido?

No, es un estado particular de la mente, ni dormida ni despierta, abierta a la metáfora… pero sin disolución de la voluntad: por mucho que la hipnoticemos, ¡una monja no dejará jamás que le levantes el hábito!

¿Y somos todos hipnotizables?

Es una capacidad cerebral natural, en diferente grado según cada persona: hay una escala de hipnotizabilidad, y la verdad es que la mayoría somos bastante hipnotizables.

Para leer del enlace original en La Contra, La Vanguardia, hacer clic aquí

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Acerca de Anna Pons

Certificat (CPPD), Post Graduat Certificat (PGCert) i Post Graduat Diploma (PGD) en Hipnoteràpia Clínica, London College of Clinical Hypnosis (LCCH) i Universitat de West London (UWL)
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