Dolor y neurociencia

El dolor es un sistema de protección, una estrategia de supervivencia excelente de nuestro organismo. El dolor nos avisa de que hay algo que nos está deteriorando, tanto interna como externamente. Pero la experiencia del dolor es muy subjetiva. Algunas personas toleran mejor que otras según qué experiencias. La experiencia de la maternidad es un ejemplo muy claro. En el momento del parto, el nivel de tolerancia de dolor de la madre aumenta y hace posible la experiencia.
A menudo la presencia de dolor nos avisa para que vayamos al médico, o retiremos la mano de una parrilla al rojo vivo. En algunos casos, pero, el dolor puede ser crónico, diagnosticado, y aprender a vivir con él es crucial para una existencia más placentera.
La hipnoterapia puede ayudar a aprender a tolerar el dolor, o manipularlo, de modo que nuestra calidad de vida aumente considerablemente. La reducción de ansiedad, de tensión o la estimulación para salir de un pobre estado de ánimo a través de técnicas hipnoterapèuticas pueden contribuir a aumentar nuestro nivel de tolerancia de dolor.

El siguiente artículo de El País nos informa de los últimos hallazgos científicos relacionados con el dolor y las emociones:

Así se ve el placer y el dolor en el cerebro

Una neurona procesando pensamientos negativos (rojo) y otra positivos (verde) / MIT

Una neurona procesando pensamientos negativos (rojo) y otra positivos (verde) / MIT

En la vida, todos los comportamientos posibles se resumen en dos: buscar placer y evitar el dolor. Lo dice la neurocientífica del Instituto Tecnológico de Massachusetts Kay Tye. Para hacerlo y seguir vivo hace falta un cerebro capaz de almacenar memoria emocional, recuerdos malos y buenos que nos dicen cómo actuar cuando volvemos a encontrar amenazas o premios. Por ahora es un misterio cómo diferentes redes de neuronas dentro del encéfalo se encargan de procesar toda esa información. Para intentar aclararlo, un nutrido equipo de neurocientíficos de EE UU ha analizado en directo el cerebro de ratones que experimentaban dolor o placer gracias a nuevas técnicas de neuroimagen. Los resultados muestran que los circuitos cerebrales que controlan las experiencias positivas y negativas están conectados y pueden anularse unos a otros. Las experiencias dolorosas no solo serían malas por sí mismas sino que además debilitarían la capacidad para procesar nuevas sensaciones agradables. Esto, piensa Tye, puede tener importantes implicaciones para el estudio de trastornos como la ansiedad, la depresión o la adicción a las drogas que podrían originarse cuando estas conexiones se desbaratan.

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Acerca de Anna Pons

Certificat (CPPD), Post Graduat Certificat (PGCert) i Post Graduat Diploma (PGD) en Hipnoteràpia Clínica, London College of Clinical Hypnosis (LCCH) i Universitat de West London (UWL)
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