Verónica Forqué: «Viví seis meses en el infierno»: La depresión.

Verónica Forqué participó ayer en el ciclo 'Un café con...' en la Térmica. / Salvador Salas

Verónica Forqué participó ayer en el ciclo ‘Un café con…’ en la Térmica. / Salvador Salas

Es la actriz de la eterna sonrisa, la voz cándida y la actitud optimista. «¿Cómo lo haces?», le pregunta uno de los muchos admiradores que han acudido al encuentro con ella convocado por la Térmica. Y ella, Verónica Forqué, responde con una sinceridad que asombra: «No siempre es así. Ahora estoy muy bien, pero el año pasado viví seis meses en el infierno más absoluto, solo pensaba en morirme». En el ciclo ‘Un café con…’, la actriz habla abiertamente y sin tapujos de la grave depresión que sufrió y de la que ya se encuentra recuperada. «Y lo hablo porque es un tema del que no se habla, no le gusta a la gente. Se puede saber que has tenido un cáncer y eres una heroína, hay lazos rosas y campañas de prevención, pero sobre la depresión se habla poco, está estigmatizada, da vergüenza decirlo», añade.

Llegó a pesar diez kilos menos, perdió la sonrisa y hasta confesó que leía con envidia las necrológicas de los periódicos. «La depresión es una quiebra en el amor, es como si te secas por dentro, te desenchufan la batería. Me detestaba, me encontraba vieja, fea, tonta, pésima actriz. Todo me parecía horroroso», detalla. Solo superó la enfermedad cuando combinó la terapia que seguía con un tratamiento psiquiátrico, al que al principio era reacia. «Se sale con ayuda y sin prejuicios. Y si tienes que tomar medicamentos, los tomas. ¡Vivan las drogas!». Ya ha vuelto a ser ella, a reír, a meditar y a disfrutar de cada día. «Hay que vivir el presente. Cuanto más vieja soy más me ocupo de vivir el aquí y el ahora. ¿Qué sabemos lo que nos va a pasar mañana?», asegura.

Trabajo, además, no le falta. Verónica Forqué protagoniza en el Teatro Rialto de Madrid la obra ‘Buena gente’, un texto «amargo y divertido» a partes iguales, como la vida. Aunque actriz todoterreno, en el teatro es donde se siente «más libre». «Una vez que se levanta el telón, nadie te dice ‘¡Corten, volvemos a empezar!’». Reconoce que la faceta de empresaria no le atrae -«No tengo ese espíritu», admite-, pero sí que le gustaría dirigir más. «Yo sé cómo ayudar a los actores a que confíen en ellos y disfruten. El escenario es un lugar de gozo», declara. Porque, en su opinión, la confianza «es lo que más» necesitan quienes se dedican a la interpretación. «Y un actor se da cuenta enseguida cuando al director no le gustas; y es lo peor que puede pasar», afirma.

Ella, en cualquier caso, siempre se ha sentido «querida». Y no le quita el sueño que la encasillen en la comedia y en papel de la «chica buena, simpática y un poco tonta». «Soy muy práctica y poco fantasiosa respecto al trabajo. Si toca esto, pues esto, disfruto de lo que tengo».

Pero la hora de charla con el público dio para mucho más. Para recordar a su «adorable» padre, José María Forqué; para reír con su breve experiencia como dobladora de ‘El resplandor’; para contar anécdotas del rodaje de ‘Kika’ con Almodóvar;para denunciar el «machismo que hay en este mundo»… Y en todo momento, ahora sí, con una sonrisa.

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Acerca de Anna Pons

Certificat (CPPD), Post Graduat Certificat (PGCert) i Post Graduat Diploma (PGD) en Hipnoteràpia Clínica, London College of Clinical Hypnosis (LCCH) i Universitat de West London (UWL)
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